Hablar con Úrsula Azparren Etxenike es descubrir la profesión desde la experiencia. En esta entrevista nos habla de los aprendizajes de su trayectoria como fiscal, de los retos a los que se enfrenta la Justicia y de la importancia de conocer la realidad sobre el terreno para ejercer una profesión al servicio de la sociedad.
BW. ¿Quién es Úrsula Azparren y cuál es su formación profesional?
UA. Nací en Pamplona el 19 de noviembre de 1990, pero desde los tres años, me crié en Murcia, la tierra a la que pertenezco con el corazón y me ha dado todo lo que tengo a día de hoy.
En lo profesional, soy fiscal de carrera tras licenciarme en Derecho en la Universidad de Murcia y superar la oposición a la Carrera Judicial y Fiscal, tras ocho años de sacrificio.
Además de mi labor en la Fiscalía, soy preparadora de futuros jueces y fiscales.
BW. ¿Cómo te defines a ti misma?
UA. Me defino como una persona perseverante, empática y con una clara vocación de servicio público. Soy alguien a quien las dificultades no consiguen frenar, sino enseñar; una mujer que no se rinde fácilmente y que valora por encima de todo a su familia, sus raíces y el factor humano en todo lo que hace, tanto dentro como fuera de un despacho.
BW. Ocho años de estudio intensivo exigen una gran disciplina. ¿Cómo lograbas mantener el equilibrio emocional y recordar quién eras más allá de la oposición en tus días libres?
UA. Fueron más de ocho años de renuncias donde el entorno es fundamental. Para mantener la cordura y el equilibrio, apoyarme en mi marido, (con quien me casé en pleno proceso selectivo), en los amigos que se mantuvieron a mi lado y en mi familia fue mi gran pilar.
A lo largo de este período hubo momentos muy duros a nivel emocional porque, como siempre he dicho, tú estás encerrada entre cuatro paredes y, como la vida sigue, con sus cosas buenas y malas, es difícil gestionar los malos momentos cuando no te puedes permitir parar.
Mis días libres los dedicaba a recordar que yo era mucho más que un temario: desconectaba disfrutando de la vida cotidiana, de la gente que quiero y de la cultura y ambiente de Murcia, recargando pilas para afrontar la siguiente semana. Recordar por qué y por quién estaba luchando me mantenía firme.

BW. Tras superar varios intentos y afrontar momentos difíciles frente al Tribunal Supremo, el 30 de noviembre de 2021 saliste de allí convertida en fiscal. ¿Qué imágenes cruzaron por tu mente en el instante exacto en el que supiste que todo el esfuerzo había merecido la pena?
UA. Esa es una fecha grabada a fuego en mi corazón.
Recuerdo que salí de la Sala tras exponer los temas y lo primero que hice fue mirar a mi marido y le dije: “creo que lo hemos conseguido”.
A continuación, al ver que nadie salía a decirme el resultado, sentí que no tenía más fuerzas y me apoyé en la pared para intentar tranquilizarme y respirar mientras esperaba la noticia que podía cambiar mi vida. Tras unos minutos que se me hicieron interminables, salió la mujer encargada de colgar las actas con los resultados, me miró y me dijo: “enhorabuena”.
Fue en ese momento cuando pasó ante mis ojos toda una película de ocho años: las miles de horas en mi habitación, los momentos de duda en los intentos anteriores, las lágrimas y, sobre todo, el apoyo de quienes habían estado soportando este camino a mi lado.
Fue la sensación de paz y triunfo más absoluta que he experimentado jamás.
BW. Tras el aprobado, llegó tu paso por el Centro de Estudios Jurídicos y las prácticas en la Fiscalía de Murcia. Desde tu experiencia, ¿qué aprendizajes clave o referentes de liderazgo femenino te marcaron durante esa etapa de formación práctica?
UA. El paso por el Centro de Estudios Jurídicos en Madrid supuso el primer gran cambio en la vida que hasta ahora había llevado. Fui a vivir a Madrid durante seis meses y allí es donde conocí a mis 126 compañeros de promoción y tuve la primera toma de contacto con grandes profesionales del sector jurídico e instituciones del país.
A continuación, llegaron mis prácticas en Murcia, que fueron reveladoras. Aprender sobre el terreno me enseñó que la Justicia no es algo abstracto, sino un pilar social con rostro humano.
Estoy especialmente agradecida a la fiscal María Anunciación San Nicolas López y la Fiscal Delegada de la Sección de Violencia sobre la Mujer, Concepción López Gómez, que ejercían su profesión con una combinación magistral de firmeza jurídica, empatía, temple y liderazgo riguroso. Ellas me demostraron que se puede liderar en la Justicia con una visión accesible, cercana y llena de humanidad.
BW. Durante tu etapa como fiscal en expectativa de destino en Orihuela trabajaste de cerca en Violencia de Género, una experiencia que te marcó profundamente. ¿Cómo influyó ese contacto directo con la realidad de las víctimas en tu vocación y en tu visión del ejercicio de la justicia?
UA. En la especialidad de Violencia de Género en Orihuela fue donde mi profesión pasó de ser una meta académica a mi verdadera vocación de vida.
Ponerle rostro, mirada y voz a la vulnerabilidad de las víctimas te transforma. Comprendí que la ley es la herramienta más poderosa que tenemos para proteger a quienes están en una situación de indefensión total.
Me dio una visión de la Justicia que va mucho más allá de aplicar artículos: una Justicia humana, rápida, comprometida y con una enorme sensibilidad hacia la víctima.
Los compañeros con los que tuve el privilegio de trabajar me demostraron que detrás de cada procedimiento y de cada número de expediente hay mujeres de carne y hueso. Nuestro deber era, en la medida de lo posible, hacer que se sintieran escuchadas y otorgarles la protección que se merecían.
BW. Tu primer destino con plaza en propiedad te llevó a Gerona, implicando alejarte de tu familia y pausar tus proyectos personales. ¿De qué manera gestionaste esa distancia hasta tu esperado regreso a la Región de Murcia?
UA. Fue una etapa de contrastes.
A nivel profesional fue maravillosa: en Gerona encontré a quienes empezaron como compañeros y terminaron como amigos para toda la vida, además de aprender muchísimo y sentir que avanzaba en mi carrera como fiscal.
A nivel personal supuso un peaje muy duro: alejarme de mi marido, dejar a mi familia y amigos lejos y volver a poner en «pausa» nuestros planes de vida.
Ese año lo gestioné a base de mucha comunicación con los míos y también muchos kilómetros a las espaldas, pero manteniendo siempre la vista puesta en el objetivo de volver. Sabía que era algo temporal y que cada vez quedaba menos para consolidar la vida que tanto habíamos soñado en nuestra tierra.

BW. Ya de vuelta a casa. ¿Cómo afrontas este nuevo capítulo y cómo entiendes hoy la conciliación en una profesión de tanta exigencia?
UA. Finalmente, pude volver a Murcia, lo que se ha convertido en la plenitud total.
Comienzo esta nueva etapa con la máxima ilusión porque por fin puedo combinar mi entorno personal con mi faceta profesional. Pienso disfrutar al máximo de vivir en esta maravillosa ciudad y de todas sus tradiciones, con especial mención al Entierro de la Sardina, festividad de la que somos partícipes.
Regresar a casa me ha permitido dar un gran paso más: he sido mamá.
Entiendo la conciliación como un reto diario que requiere organización y prioridades claras. La maternidad me ha hecho ser mejor fiscal: me ha aportado aún más empatía y pragmatismo, demostrándome que la alta exigencia profesional no debe estar reñida con entregarse de lleno a la familia.
BW. En tu faceta como preparadora no solo escuchas temas, sino que acompañas psicológicamente a los opositores. ¿Cómo integras tu propia experiencia y los valores del liderazgo femenino (como la empatía y la motivación), en la mentoría de quienes sueñan con aprobar esta oposición?
UA. Como yo he vivido la dureza de estar al otro lado de la mesa durante más de ocho años y tropezar en el camino, me es imposible limitarme a oír temas.
Desempeño mi formación desde la empatía total: sé cuándo una opositora necesita un apretón de tuercas y cuándo una palabra de aliento. Utilizo un liderazgo motivador para recordarles su valor cuando dudan. Les aporto estrategia, pero sobre todo les transmito la confianza de que si yo lo conseguí superando obstáculos, ellas también pueden lograrlo.
Y hablo en femenino porque, coincidiendo con la estadística de los últimos años en estas oposiciones, todas mis alumnas son mujeres. De hecho, en la 60ª promoción de la Carrera Fiscal (a la que yo pertenezco), el porcentaje de mujeres es del 74%.
BW. Para terminar, ¿qué le diría Úrsula Azparren a los jóvenes –y especialmente a las jóvenes-, que hoy se plantean la meta de la Carrera Judicial o Fiscal y sienten miedo ante la magnitud del reto?
UA. Les diría que el miedo es normal, pero no debe ser paralizador.
Creo que es una idea extendida que los jóvenes piensen que para aprobar esta oposición hay que ser el número uno de la promoción, pero nada más lejos de la realidad.
Se necesita constancia y entrega. Es una carrera de fondo en la que cada semana de estudio cuenta y que el paso del tiempo, el trabajo y la resistencia son la clave del éxito.
A las chicas, especialmente, les diría que no duden de su talento ni de su capacidad para ocupar puestos de alta responsabilidad en la Justicia. Es un camino largo que exige sacrificios, sí, pero la recompensa de vestir la toga, defender los derechos de las personas y servir a la sociedad es incalculable.
El esfuerzo pasa; el orgullo y la vocación se quedan para siempre.
Fotografías: Miguel Ángel Caparrós.
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