“Cartagena vive una gran transformación para convertirse en la capital del Mediterráneo”
Noelia Arroyo gana en las distancias cortas. El don de gentes quizá lo aprendió de su padre, tendero de proximidad, así como el valor de la honestidad en el trato a sus conciudadanos. La alcaldesa lleva a Cartagena en la cabeza y el corazón. Con los datos de sus avances, su patrimonio cultural, natural y empresarial. Con la vista puesta en ese mañana brillante para una capital moderna, sostenible y referente en innovación. Noelia defiende el diálogo, la colaboración institucional y la participación ciudadana como pilares del desarrollo. Su liderazgo es valiente, con sentido y sensibilidad. “Las mujeres han de asumir sin miedo su papel en la construcción del futuro”, asegura.
LG. En su trayectoria como alcaldesa, ¿cuál considera que ha sido el logro más significativo para Cartagena?
NA. Creo que alejar a Cartagena de la inestabilidad y de luchas sin sentido para centrarse en lo importante: que se convierta en la gran capital del Mediterráneo que es. Desde el principio mi objetivo ha sido sumar el mayor número de cartageneros a la visión de una “gran Cartagena” llena de posibilidades. Hoy vivimos una gran transformación. Cartagena crece como destino, el puerto es un atractivo turístico y gastronómico, recuperamos fortalezas y excavamos grandes monumentos. Nuestra industria es ejemplo de transformación tecnológica, y eso se reconoce en toda España. Por primera vez, Cartagena se sienta junto a Valencia, Málaga o Barcelona para explicar su modelo de ciudad y hablar de futuro.
LG. Si tuviera que describir la Cartagena de hoy con tres palabras, ¿cuáles serían?
NA. Patrimonio, transformación y futuro. El patrimonio no solo son los restos de cartagineses y romanos o nuestro sistema defensivo, sino también el patrimonio natural, desde el Mar Menor hasta Isla Plana, con dos reservas marinas. Tenemos un campo lleno de tradición y un patrimonio industrial en forma de conocimiento. Aplicamos calidad al patrimonio histórico para generar turismo y tecnología al industrial para convertirlo en industria sostenible con empleo estable. Trabajamos por un futuro que sume tradición militar, industria naval y expertos en defensa creando un ecosistema de empresas con tecnología dual.
LG. Como mujer de liderazgo consolidado, ¿qué valores considera esenciales para dirigir una ciudad con visión a largo plazo?
NA. Un alcalde tiene dos misiones: gestionar el día a día y planificar el futuro. La tentación es quedarse en lo inmediato, porque las grandes transformaciones requieren tiempo, presupuesto y decisiones que a veces cuestan votos, pero esa es nuestra obligación. Se necesita claridad de rumbo, honestidad y valentía para llevar al municipio hacia donde debe ir.
LG. ¿Cuáles son los principales retos que enfrenta Cartagena y cómo piensa afrontarlos?
NA. El gran reto es que el esfuerzo en patrimonio y turismo no se frene por la falta de conexiones. Competimos con ciudades a hora y media de Madrid por AVE, mientras llegar a Cartagena cuesta más de cinco. No podemos desarrollar todo nuestro potencial portuario si se impide ampliar Escombreras y se prohíbe el puerto de El Gorguel. Solo la ampliación de Escombreras acabaría con el desempleo, y El Gorguel generaría el empleo industrial de toda la Región. Además, si se recorta el trasvase, el campo solo dispondrá de una cuarta parte del agua necesaria. Ya no pedimos ayuda, solo que no nos pongan obstáculos. Creo en la lealtad institucional y en la colaboración exigente. Aunque a veces falte diálogo, insistiré en una Cartagena que es una gran oportunidad para España.
LG. En términos de innovación, cultura y desarrollo urbano, ¿qué proyectos estratégicos marcarán la diferencia?
NA. Modernizamos barrios con el Plan Re-Crea, fomentamos el autogobierno en las diputaciones y trabajamos por la integración urbana de la bahía. Con la Autoridad Portuaria impulsamos un frente marítimo más atractivo y la transformación de la fachada de Santa Lucía, unida a la senda hacia Cala Cortina. En innovación, construimos la Cartagena del futuro con el proyecto CAETRA, que debe convertirnos en un centro europeo de tecnologías duales de defensa. En Escombreras impulsamos la transformación energética hacia combustibles 100 % renovables y la red europea de hidrógeno verde. Además, la ciudad antigua —con su Teatro Romano, Anfiteatro y sistema defensivo— crece como escenario de grandes eventos, fortaleciendo turismo, hostelería y comercio. El futuro de Cartagena debe estar a la altura de su historia.
LG. Desde su visión de ciudad, ¿cómo integrará la sostenibilidad, la igualdad y la participación ciudadana?
NA. La Agenda Urbana nació de un profundo ejercicio de participación. Fuimos barrio a barrio y diputación a diputación preguntando a los vecinos cómo querían crecer y en qué entorno vivir. Sobre esas bases elaboramos planes a corto, medio y largo plazo. Este desarrollo requiere diálogo permanente y consenso para construir una Cartagena sostenible, igualitaria y a la medida de los ciudadanos.
LG. ¿Qué piensa del liderazgo femenino en un puesto como el suyo?
NA. Ser mujer en política enseña que la firmeza y la sensibilidad son compatibles, y que escuchar no te hace débil, te hace eficaz. Las mujeres estamos acostumbradas a construir desde el esfuerzo y la empatía, y eso aporta una mirada distinta a la gestión pública. Creo profundamente que los liderazgos más sólidos son los que combinan cabeza y corazón, y que hombres y mujeres debemos ejercerlos con igualdad.
LG. Usted ha ejercido el periodismo, ¿le ha servido a la hora de comunicar?
NA. El periodismo enseña la importancia de comunicarse con los vecinos. La comunicación debe ser bidireccional: no se trata de vender éxitos, sino de explicar bien los servicios y atender necesidades reales. Más allá de los medios y las redes, lo esencial es el contacto directo entre responsables públicos, vecinos y el tejido social que los representa.

LG. ¿De niña soñaba con llegar a ser alcaldesa?
NA. Me gustan los médicos o periodistas que lo soñaron desde pequeños, pero no sé si me gusta que me gobierne alguien que siempre quiso gobernar. El servicio público es una vocación, pero los cargos deben ser lugares de paso, no un fin en sí mismo.
LG. ¿Quiénes han sido sus referentes a lo largo del camino?
NA. No tuve referentes políticos, pero sí familiares. Mis abuelos y mi padre han sido mi escuela moral. Son personas honestas que vivieron del comercio de proximidad, donde los clientes son amigos y el prestigio se gana cada día. Siempre prefirieron perder un negocio antes que un cliente. Esa honestidad es la base de todo liderazgo.
LG. ¿Qué mensaje daría a las futuras generaciones de líderes, especialmente mujeres?
NA. El mensaje más importante es que, cuando alguien es elegido por los cartageneros, sus únicos jefes son ellos. No hay nadie por encima, ni presidentes ni secretarios generales. Me siento afortunada de poder decirlo y no me perdonaría traicionar esa obligación. Mi compromiso es seguir trabajando por una Cartagena próspera, cohesionada y diversa. A las futuras generaciones les diría que se formen, aseguren su futuro y, si sienten verdadera vocación de servicio, dediquen parte de ese futuro a servir a los demás. Hombres y mujeres deben decir “sí” al liderazgo, pero especialmente las mujeres, que no deben tener miedo a asumirlo.
Texto: Lola Gracia




