María Marco Cramer, psicóloga: «A menudo descubrimos que no necesitábamos hacer más cosas para descansar, sino hacerlas de otra manera»

Descansar

Cada vez nos cuesta más descansar y hacer una sola cosa sin mirar el móvil. La exposición constante a notificaciones, redes sociales y contenidos rápidos está cambiando nuestra forma de prestar atención. En esta entrevista, María Marco Cramer, psicóloga y coordinadora asistencial de la Clínica Unitas, nos ayuda a entender por qué ocurre y comparte algunas claves para aprovechar las vacaciones y recuperar espacios de calma, con la lectura como una de las mejores herramientas para conseguirlo.

BW. ¿Qué efecto tiene en nuestra mente estar constantemente expuestos a estímulos, notificaciones, vídeos cortos y redes sociales?

MM. Vivimos en un entorno en el que la atención se ha convertido en un bien muy valioso. Cada notificación, cada vídeo de pocos segundos o cada contenido nuevo compite por captar nuestra mirada durante unos instantes, y esa sucesión constante de estímulos hace que nuestra mente apenas tenga oportunidades para detenerse.

La tecnología forma parte de nuestra vida y nos aporta enormes beneficios. El problema aparece cuando desaparecen los momentos de pausa y pasamos gran parte del día reaccionando a estímulos externos. Poco a poco nos acostumbramos a recibir novedades de forma constante y nos resulta cada vez más difícil tolerar el silencio, la espera o incluso el aburrimiento, cuando precisamente esos momentos permiten a nuestra mente descansar, organizar la información y recuperar recursos atencionales.

BW. ¿Por qué cada vez nos cuesta más mantener la atención en una sola actividad durante un periodo prolongado?

MM. La atención también se entrena. Igual que fortalecemos un músculo con la práctica, nuestra capacidad para concentrarnos depende, en gran medida, de cómo utilizamos nuestra atención cada día.

Si pasamos horas alternando entre mensajes, redes sociales, correos electrónicos o vídeos breves, acostumbramos a nuestra mente a cambiar continuamente de foco. Aunque solemos pensar que hacemos varias cosas a la vez, en realidad estamos cambiando de una tarea a otra de forma muy rápida, y ese cambio continuo tiene un coste: aumenta la fatiga mental, dificulta la concentración y hace que actividades que requieren más tiempo, como leer o estudiar, nos parezcan mucho más exigentes.

La buena noticia es que esa capacidad puede recuperarse. La atención es flexible y responde muy bien cuando modificamos nuestros hábitos.

BW. ¿Qué ocurre cuando cambiamos ese consumo rápido de contenidos por una actividad como la lectura? ¿Puede ayudarnos realmente a descansar mentalmente?

MM. La lectura supone un cambio de ritmo. Frente a contenidos diseñados para captar nuestra atención en cuestión de segundos, un libro nos invita a permanecer, imaginar, comprender y reflexionar. En lugar de reaccionar continuamente a nuevos estímulos, somos nosotros quienes marcamos el ritmo.

Muchas personas creen que descansar consiste únicamente en dejar de hacer cosas. Sin embargo, también descansamos cuando dejamos de responder constantemente a estímulos externos. Leer favorece una atención más sostenida, reduce el ruido mental y nos ayuda a recuperar una sensación de calma que resulta difícil encontrar mientras seguimos desplazándonos por una pantalla sin un objetivo concreto.

No se trata de convertir la lectura en una obligación, sino de recuperar espacios en los que nuestra atención pueda permanecer en un solo lugar durante un tiempo.

BW. ¿Qué beneficios tiene dedicar un tiempo a hacer una sola cosa, sin mirar el móvil ni alternar entre diferentes estímulos?

MM. Cuando centramos nuestra atención en una única actividad, la mente trabaja de una forma mucho más eficiente. Disminuye el esfuerzo que supone cambiar continuamente de tarea, mejora la capacidad para recordar la información y aumenta la creatividad.

Pero quizá el beneficio más importante es otro: disfrutamos más de lo que estamos haciendo. Ya sea leer, cocinar, caminar, conversar o simplemente contemplar el paisaje, cuando estamos plenamente presentes en una actividad aparece una sensación de calma que contrasta con la prisa habitual del día a día. Solemos pensar que concentrarnos sirve únicamente para ser más productivos, cuando en realidad también es una forma de cuidar nuestro bienestar psicológico.

BW. ¿Por qué las vacaciones pueden ser un buen momento para recuperar nuestra capacidad de concentración y reducir esa saturación mental?

MM. Las vacaciones nos ofrecen algo que durante el resto del año escasea: tiempo y un ritmo diferente. Al disminuir las obligaciones cotidianas, aparecen oportunidades para preguntarnos cuánto espacio queremos seguir dedicando a las pantallas y cuánto queremos reservar para nosotros.

No se trata de desconectarse completamente del móvil ni de renunciar a la tecnología, sino de recuperar momentos en los que nuestra atención no esté permanentemente dirigida desde fuera. Leer unas páginas, pasear sin consultar el teléfono, mantener una conversación sin interrupciones o simplemente observar el entorno son experiencias sencillas que ayudan a reducir la sobrecarga mental acumulada durante el año.

A menudo descubrimos que no necesitábamos hacer más cosas para descansar, sino hacerlas de otra manera.

BW. Para alguien que siente que ya no consigue concentrarse para leer, ¿qué tres consejos le darías para recuperar el hábito poco a poco?

MM. El primero es empezar sin exigencias. No hace falta proponerse leer una hora al día. Bastan diez o quince minutos para comenzar a entrenar de nuevo la atención. Lo importante no es la cantidad de páginas, sino la constancia.

El segundo es crear un entorno que facilite la concentración. Elegir un momento tranquilo, buscar un lugar cómodo y dejar el teléfono fuera del alcance visual. Aunque no lo estemos utilizando, su simple presencia puede mantener una parte de nuestra atención pendiente de él.

Y el tercero es tener paciencia. Muchas personas creen que han perdido la capacidad de concentrarse, cuando en realidad llevan mucho tiempo entrenando un tipo de atención muy diferente: rápida, fragmentada y constantemente interrumpida. Igual que hemos aprendido ese patrón, también podemos recuperar otro más pausado. La concentración no desaparece; necesita volver a ejercitarse.

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