Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, conversamos con Lourdes Vicente Valero. Con más de 25 años de trayectoria, la carrera de esta ingeniera forestal ha estado ligada desde el principio a la empresa Ingeniería del Entorno Natural. Hoy comparte con nosotros su visión sobre una profesión que, aunque sigue siendo bastante desconocida para gran parte de la sociedad, resulta fundamental para la conservación, gestión y adaptación de nuestros montes y espacios naturales.
Durante este tiempo ha tenido la oportunidad de participar y coordinar proyectos muy diversos dentro del sector forestal: redacción de proyectos técnicos, planes de gestión, seguimiento de obras forestales, actuaciones de restauración, trabajos de prevención de incendios y gestión de proyectos europeos, especialmente en el ámbito del programa LIFE. Ha desarrollado su trabajo en distintas comunidades autónomas, principalmente en la Región de Murcia, y en menor medida en Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, lo que le ha permitido conocer realidades territoriales diferentes y entender que la gestión forestal debe adaptarse siempre al contexto ecológico, social y económico de cada lugar.
En una fecha tan señalada para el planeta, y ante el difícil escenario que estamos sufriendo con los incendios en la Región de Murcia, hablamos con ella sobre el futuro de los bosques, de por qué es tan urgente y necesario invertir hoy en la resiliencia de las masas forestales, y aprovechamos la ocasión para reivindicar el papel de la ingeniería forestal, una profesión vital para enfrentar muchos de los desafíos medioambientales a los que nos enfrentamos hoy en día.
BW. Lourdes, tu labor se desarrolla en Ingeniería del Entorno Natural. ¿Cuáles son los principales servicios que ofrece la consultora y qué experiencia acumuláis ya dentro del sector?
LV. Ingeniería del Entorno Natural es una consultora técnica especializada en el ámbito forestal, ambiental y de gestión del medio natural. Nuestro trabajo se centra en aportar soluciones rigurosas, realistas y aplicables sobre el terreno.
Entre nuestros principales servicios se encuentran la redacción de proyectos forestales, planes técnicos, estudios de gestión, restauración de ecosistemas, tratamientos selvícolas, prevención de incendios forestales, seguimiento y dirección de obras, asistencia técnica a administraciones públicas y entidades privadas, así como la coordinación y gestión de proyectos nacionales e internacionales relacionados con la conservación, la adaptación climática, la resiliencia de los ecosistemas y el reto demográfico.
A lo largo de estos 20 años de andadura hemos acumulado una experiencia muy amplia, tanto en gabinete como en campo. Esa combinación es esencial: el proyecto debe estar bien planteado técnicamente, pero también debe ser viable, ejecutable y útil para el territorio. En nuestro sector no basta con diseñar buenas ideas; hay que ser capaces de llevarlas al terreno y comprobar que realmente funcionan.
BW. El nombre de la consultora ya es toda una declaración de intenciones. ¿Cómo se traduce en el día a día ese compromiso firme que tenéis con la protección del medio ambiente?
LV. Para nosotros, el compromiso con el medio ambiente se traduce en una forma de trabajar. No se trata solo de cumplir una normativa o de incorporar criterios ambientales en un documento, sino de entender cada proyecto como una oportunidad para mejorar el territorio.
En el día a día esto implica analizar muy bien cada actuación, conocer el entorno en el que trabajamos, valorar sus limitaciones y sus potencialidades, y proponer soluciones que sean compatibles con la conservación de los recursos naturales. Intentamos que cada proyecto tenga una base técnica sólida, pero también una visión práctica y respetuosa con el medio.
Trabajar en el medio natural exige mucha responsabilidad, porque las decisiones que se toman hoy pueden tener consecuencias durante décadas. Por eso damos mucha importancia al seguimiento, a la adaptación de las actuaciones y a la mejora continua. La protección ambiental no puede ser algo teórico; tiene que materializarse en decisiones concretas. Trabajamos por y para las generaciones futuras.
BW. Y en el plano personal, ¿cuál es tu principal función y el día a día de tu rol dentro de la consultora?
LV. Mi función principal es la de coordinadora de proyectos europeos y consultora sénior en ingeniería y proyectos, nacionales e internacionales. Eso significa estar presente en muchas fases del trabajo: desde la identificación de necesidades y la redacción técnica inicial, hasta la planificación, la coordinación de equipos, el contacto con administraciones, el seguimiento de obras y la justificación técnica y administrativa de los proyectos.
Mi día a día es muy variado. Hay jornadas de mucho trabajo técnico en oficina, revisando documentación, redactando proyectos, preparando informes o coordinando equipos; y otras en las que el trabajo se desarrolla sobre el terreno, visitando obras, evaluando actuaciones o comprobando el estado de las masas forestales.
Esa variedad es precisamente una de las cosas que más valoro de mi profesión. La ingeniería forestal exige una visión global: hay que saber interpretar el territorio, entender los procesos ecológicos, manejar la normativa, coordinar personas y, al mismo tiempo, ser resolutiva ante los imprevistos que surgen en campo.
BW. Como ingeniera forestal y con la mirada puesta en el medio y largo plazo, ¿cuál consideras que será el futuro de nuestros bosques ante el escenario climático actual?
LV. El futuro de nuestros bosques dependerá en gran medida de las decisiones que tomemos ahora. El cambio climático ya está afectando a las masas forestales mediante el aumento de temperaturas, sequías más intensas, mayor riesgo de incendios, plagas, pérdida de vigor del arbolado y degradación del suelo. En zonas mediterráneas como la Región de Murcia, estos impactos son especialmente visibles.
Sin embargo, no debemos adoptar una visión pesimista, porque contamos con conocimiento y herramientas para actuar. La clave está en una gestión forestal activa, adaptativa y planificada, que favorezca masas más diversas, resistentes y capaces de seguir cumpliendo funciones esenciales como conservar biodiversidad, proteger el suelo, regular el agua y capturar carbono. Además, el futuro de los bosques está ligado al medio rural: sin población, actividad ni gestión, el territorio se vuelve más vulnerable.
BW. Ante estos desafíos ambientales, se habla mucho de adaptación. ¿Por qué es tan urgente y necesario invertir hoy en la resiliencia de las masas forestales?
LV. Porque el cambio climático no es un problema futuro; ya está ocurriendo. Y en el medio forestal, esperar suele significar llegar tarde. Las masas forestales necesitan tiempo para responder, para regenerarse y para adaptarse. Por eso, las inversiones que hagamos hoy tendrán efectos a medio y largo plazo.
Invertir en resiliencia significa preparar nuestros montes para resistir mejor las perturbaciones: sequías, incendios, plagas, erosión o episodios climáticos extremos. No se trata solo de actuar cuando el daño ya se ha producido, sino de anticiparnos.
Una masa forestal gestionada, diversa y bien adaptada tiene muchas más posibilidades de recuperarse después de una perturbación. En cambio, un monte abandonado, homogéneo o debilitado es mucho más vulnerable. La prevención y la adaptación son siempre más eficaces —y más económicas— que la restauración tras una catástrefe.
Además, invertir en resiliencia forestal también es invertir en desarrollo rural. Muchas de estas actuaciones generan empleo en el territorio, movilizan empresas locales, mantienen oficios vinculados al monte y contribuyen a que las zonas rurales no se perciban solo como espacios a conservar, sino como territorios vivos, productivos y con futuro.
BW. Para lograr esa resiliencia hace falta ciencia. ¿Qué importancia tiene la inversión en investigación y desarrollo para encontrar soluciones reales a la degradación de los ecosistemas?
LV. La investigación y el desarrollo son fundamentales. No podemos afrontar problemas nuevos con respuestas antiguas o basadas únicamente en la intuición. Necesitamos datos, ensayos, seguimiento y evaluación para saber qué actuaciones funcionan realmente y cuáles deben corregirse.
En el ámbito forestal, la I+D permite avanzar en cuestiones clave: selección de especies y procedencias más adaptadas, técnicas de restauración más eficaces, mejora del suelo, gestión del agua, prevención de incendios, seguimiento de la biodiversidad o modelos de gestión frente al cambio climático.
Pero también es muy importante que la investigación esté conectada con la realidad del territorio. La ciencia debe llegar al monte, a los técnicos, a las administraciones y a las empresas que ejecutan los proyectos. Por ejemplo, en ese sentido, los proyectos europeos LIFE son una herramienta muy valiosa, porque permiten unir conocimiento científico, gestión práctica, innovación y transferencia de resultados.
BW. El éxito de una transformación circular real en la Región de Murcia depende de que la administración y las empresas caminen de la mano. Desde la posición de tu organización, ¿cuál es el mayor logro que habéis alcanzado gracias a esta alianza y qué paso prioritario deberíamos dar mañana mismo para que esta colaboración sea aún más ágil y eficaz?
LV. Uno de los principales logros de la colaboración entre administración, empresas, centros de investigación y otros agentes ha sido transformar ideas y necesidades ambientales en proyectos reales sobre el territorio. Esta alianza permite que las actuaciones tengan impacto ambiental, social y económico, especialmente en ámbitos como la adaptación climática, la restauración y la mejora de la resiliencia de los ecosistemas. La administración aporta planificación, visión pública e impulso, mientras que las empresas contribuyen con conocimiento técnico, experiencia de ejecución y proximidad al terreno.
Para que esta colaboración sea más eficaz, es necesario reforzar la financiación pública, garantizar continuidad en las políticas ambientales y agilizar los procedimientos administrativos. También es fundamental que las empresas inviertan más en el medio natural como parte de su responsabilidad ambiental. El paso prioritario sería consolidar marcos más ágiles, estables y comprometidos para responder con rapidez a los retos ambientales.
BW. Hoy compartes espacio con mujeres que lideran los servicios ambientales, el asociacionismo empresarial y la política pública en nuestra Región. Desde tu experiencia, ¿cómo valoras la evolución del papel de la mujer en un sector tradicionalmente técnico y masculinizado como el medioambiental, y qué valor diferencial aporta el liderazgo femenino?
LV. La evolución ha sido muy positiva, aunque todavía queda camino por recorrer. Cuando empecé mi trayectoria profesional, el sector forestal y ambiental, especialmente en los ámbitos más técnicos y de obra, estaba muy masculinizado. Hoy vemos cada vez más mujeres ocupando puestos de responsabilidad, liderando proyectos, dirigiendo equipos, tomando decisiones y aportando conocimiento técnico de primer nivel.
Creo que el liderazgo femenino aporta una visión muy valiosa, no porque exista una única forma de liderar como mujer, sino porque durante mucho tiempo han faltado miradas diversas en la toma de decisiones. En sostenibilidad, esa diversidad es esencial. Gestionar recursos naturales requiere capacidad técnica, pero también escucha, coordinación, sensibilidad territorial, visión a largo plazo y capacidad de integrar intereses distintos.
Las mujeres hemos demostrado que podemos liderar en sectores complejos, técnicos y exigentes. Y creo que nuestra presencia contribuye a construir modelos de gestión más colaborativos, más transversales y más atentos al impacto real de las decisiones. En un momento en el que hablamos de sostenibilidad, resiliencia y futuro, contar con todo el talento disponible no es solo una cuestión de igualdad; es una necesidad.
Para finalizar, algún mensaje que te gustaría transmitir
Me gustaría aprovechar para reivindicar la figura del ingeniero o ingeniera forestal, una profesión que sigue siendo muy desconocida, como dije al principio de la entrevista, y que, sin embargo, tiene un papel esencial en muchos de los grandes retos actuales: cambio climático, incendios forestales, desertificación, biodiversidad, gestión del agua, restauración ambiental y planificación del territorio.
La ingeniería forestal es una profesión mucho más amplia de lo que normalmente se percibe. No se limita a vigilar “los árboles” o “los montes”, sino que abarca la planificación del territorio, la prevención de riesgos naturales, la lucha contra la desertificación, la restauración ambiental, la conservación de la biodiversidad, el agua, el paisaje y, cada vez más, la adaptación al cambio climático.
Los montes no se conservan solos. Necesitan conocimiento, gestión, inversión y una mirada a largo plazo. Y ahí la ingeniería forestal tiene mucho que aportar.





