El primer hotel cinco estrellas de Murcia, Palacio San Juan A Royal Hideaway Hotel, acaba de abrir sus puertas y hemos tenido el privilegio de entrevistar a su directora, Evelyn Estrada. Con más de 15 años de experiencia en el sector hotelero y una trayectoria que la ha llevado por México, Baleares, Canarias o Andalucía, llega a Murcia para liderar un proyecto desde su nacimiento.
Hablamos con ella sobre qué significa hoy el lujo, sobre el reto de convertir un edificio ligado a la historia de la ciudad en un hotel contemporáneo y sobre la huella que le gustaría que Palacio San Juan dejara en Murcia. Una entrevista en la que también conocemos a la Evelyn más personal: cómo lidera, qué ha aprendido de sus equipos y por qué, después de tantos años, sigue encontrando en las personas la parte más emocionante de su profesión.
BW. Llevas más de 15 años vinculada al sector hotelero y has trabajado en países y establecimientos muy diferentes. ¿Cómo llegaste a este sector?
EE. Mi llegada al sector hotelero fue una combinación de vocación y oportunidad. Desde muy temprano me atrajo la posibilidad de trabajar en un entorno dinámico, multicultural y centrado en las personas. Comencé mi carrera con la ilusión de aprender cada aspecto de la operación hotelera y, a medida que fui creciendo profesionalmente y trabajando en distintos países y establecimientos, confirmé que había encontrado una industria apasionante.
Lo que más me ha motivado durante estos años es la capacidad que tiene la hostelería de crear experiencias memorables para los huéspedes y, al mismo tiempo, de desarrollar equipos humanos diversos y altamente comprometidos. Cada destino, cada hotel y cada etapa de mi trayectoria me han aportado una visión diferente del negocio, enriqueciendo mi forma de liderar y entender la excelencia en el servicio.
Después de más de quince años, sigo sintiendo la misma ilusión por este sector porque combina estrategia, gestión de personas, innovación y una clara orientación al cliente, factores que para mí son fundamentales en cualquier proyecto profesional.
BW. México, Baleares, Canarias, Andalucía y ahora, Murcia, ¿qué te ha enseñado todo este recorrido y qué parte de esas experiencias traes ahora contigo a Murcia?
EE. Cada destino ha supuesto un aprendizaje distinto y ha contribuido a construir mi forma de entender la hotelería y el liderazgo. México me aportó una gran visión de la hospitalidad desde la cercanía y la calidez humana; Baleares y Canarias me permitieron profundizar en la gestión de destinos turísticos de alta demanda y con una marcada orientación internacional; y Andalucía reforzó mi convicción de que la excelencia en el servicio nace de la autenticidad, del arraigo al destino y del compromiso de los equipos.
Trabajar en entornos tan diversos me ha enseñado la importancia de adaptarse, escuchar y comprender las particularidades de cada mercado sin perder de vista los estándares de calidad y los objetivos de negocio. También me ha permitido descubrir que, más allá de las diferencias culturales o geográficas, las personas siguen estando en el centro de todo: los huéspedes y, por supuesto, los equipos.
A Murcia llego con esa visión amplia y enriquecida por distintas experiencias, pero también con mucha ilusión por seguir aprendiendo. Traigo una forma de liderazgo basada en la cercanía, el desarrollo del talento y la búsqueda constante de la excelencia, siempre respetando la identidad propia del destino y poniendo en valor todo lo que lo hace único.
Creo firmemente que cada lugar deja huella. Murcia representa una nueva etapa en la que puedo aportar todo lo aprendido durante estos años y, al mismo tiempo, seguir creciendo junto a un destino con un enorme potencial.

BW. ¿Qué supuso para ti recibir la propuesta de ponerte al frente de Palacio San Juan y, además, hacerlo desde el nacimiento del proyecto?
EE. Recibir la propuesta de liderar el Palacio San Juan fue, ante todo, un honor y una enorme responsabilidad. No siempre se tiene la oportunidad de ponerse al frente de un proyecto tan singular desde sus inicios, participando en la construcción de una visión, una cultura y una forma de entender la hospitalidad desde el primer momento.
Lo viví con una mezcla de ilusión, respeto y entusiasmo. Ilusión porque se trata de un proyecto con una identidad muy especial y con el potencial de convertirse en un referente; respeto por la responsabilidad que supone dar vida a un hotel desde su nacimiento; y entusiasmo por la posibilidad de formar un equipo, definir procesos y crear una propuesta de valor capaz de ofrecer experiencias memorables a nuestros huéspedes.
Después de más de quince años en el sector, son precisamente este tipo de retos los que más motivan a un profesional. Incorporarse a un hotel ya consolidado tiene grandes atractivos, pero hacerlo en una fase tan temprana permite dejar una huella más profunda y participar activamente en cada decisión estratégica y operativa.
Por eso asumí este reto con la convicción de que estábamos construyendo algo único. Mi objetivo es que Palacio San Juan no solo destaque por la calidad de sus instalaciones o de su servicio, sino también por la experiencia humana que ofrecemos, por la autenticidad de su propuesta y por el orgullo de un equipo que crece junto al proyecto desde el primer día. Más que incorporarme a un hotel, sentí que me invitaban a formar parte de una historia que estaba a punto de comenzar.
BW. ¿Cuáles son las diferencias más significativas entre abrir un hotel desde cero frente a dirigir uno que ya está funcionando? ¿Qué ha sido lo más complejo de estos meses previos a la apertura?
EE. Abrir un hotel desde cero y dirigir un establecimiento ya consolidado son experiencias muy distintas. Cuando llegas a un hotel en funcionamiento, encuentras una cultura de trabajo establecida, equipos formados, procesos definidos y una reputación construida sobre la que seguir evolucionando. En una apertura, en cambio, todo está por crear: desde la identidad operativa y la experiencia del huésped hasta la selección del equipo y la implantación de los estándares que marcarán el futuro del proyecto. Precisamente ahí radica también su mayor atractivo.
Una apertura ofrece la oportunidad de construir unos cimientos sólidos desde el primer día y de alinear a todo el equipo en torno a una visión compartida. Es un proceso muy exigente, pero también enormemente enriquecedor desde el punto de vista profesional.
En estos meses previos a la apertura, probablemente lo más complejo ha sido coordinar al mismo tiempo múltiples áreas que avanzan en paralelo y que son igual de importantes para el éxito del proyecto. Hay que estar pendientes de los últimos detalles de la puesta en marcha, de la formación de los equipos, de la implantación de procedimientos, de la experiencia que queremos ofrecer al huésped y de garantizar que todo funcione de manera integrada desde el primer día.
Sin embargo, si tuviera que destacar un aspecto especialmente relevante, sería la creación del equipo humano. Las instalaciones son fundamentales, pero son las personas quienes dan vida a un hotel. Conseguir incorporar talento, transmitir una cultura común y generar sentimiento de pertenencia incluso antes de abrir las puertas ha sido uno de los retos más importantes y, al mismo tiempo, una de las mayores satisfacciones de esta etapa. Ahora con la apertura, la ilusión supera cualquier dificultad. Ver cómo una idea se transforma poco a poco en una realidad tangible y comprobar el compromiso del equipo hace que todo el esfuerzo haya merecido la pena.
Un hotel puede construirse en unos meses, pero su alma empieza a crearse mucho antes, con las personas y los valores que lo acompañan desde su nacimiento.

BW. La Región de Murcia está reforzando su apuesta por el turismo y ahora suma en la capital su primer hotel de cinco estrellas. ¿Qué valor aportará el Palacio San Juan al crecimiento y al posicionamiento de la ciudad como destino?
EE. La llegada de Palacio San Juan supone una gran oportunidad tanto para el hotel como para la ciudad. Murcia está viviendo una evolución muy positiva como destino, con una oferta cultural, gastronómica y patrimonial cada vez más reconocida, y la incorporación de un hotel de cinco estrellas contribuye a reforzar ese posicionamiento y a responder a las expectativas de un perfil de viajero que busca experiencias de alta calidad.
Nuestro objetivo es aportar valor desde varios ámbitos. En primer lugar, elevando la oferta de alojamiento de la ciudad con una propuesta diferenciada, donde la excelencia en el servicio, la atención personalizada y la autenticidad de la experiencia sean elementos clave.
En segundo lugar, contribuyendo a atraer un turismo de mayor valor añadido, tanto de ocio como de segmento premium y de reuniones y eventos. Pero también creemos que nuestro papel va más allá del alojamiento.
Queremos ser un embajador de Murcia, acercando a nuestros huéspedes la riqueza cultural, gastronómica e histórica de la ciudad y generando sinergias con el tejido empresarial y turístico local.
El éxito de un hotel como Palacio San Juan está estrechamente vinculado al éxito del destino que lo acoge. Además, el hecho de recuperar y poner en valor un edificio con tanta historia permite conectar el patrimonio de Murcia con una propuesta hotelera contemporánea y de lujo, algo que aporta singularidad y fortalece la identidad de la ciudad frente a otros destinos.
Estoy convencida de que Palacio San Juan contribuirá a proyectar una imagen de Murcia más internacional, más sofisticada y más visible en el segmento de alta gama, ayudando a consolidar el posicionamiento que la ciudad merece dentro del panorama turístico nacional e internacional. No aspiramos únicamente a ser el primer hotel de cinco estrellas de la ciudad; aspiramos a convertirnos en un referente que contribuya a que quienes visiten Murcia descubran todo su potencial y quieran volver.
BW. Se habla mucho de una nueva forma de entender el lujo, menos vinculada a lo material y más a las experiencias, la personalización o el tiempo. ¿Qué significa hoy el lujo para ti y cómo se traduce esa idea en Palacio San Juan?
EE. El concepto de lujo ha evolucionado mucho en los últimos años. Hoy, más que estar ligado a lo material, tiene que ver con aquello que es verdaderamente escaso: el tiempo, la autenticidad, la atención personalizada y la capacidad de vivir experiencias memorables.
Para mí, el lujo consiste en hacer sentir a cada huésped único, comprendido y cuidado. Es anticiparse a sus necesidades, ofrecer un servicio impecable pero cercano, y crear momentos que generen una conexión emocional con el destino y con el propio hotel.
Muchas veces, el verdadero lujo no está en lo que se ve, sino en cómo se hace sentir a una persona. Esa visión está muy presente en Palacio San Juan. Queremos que nuestros huéspedes encuentren aquí mucho más que un alojamiento excepcional.
Aspiramos a ofrecer una experiencia auténtica, profundamente vinculada a la esencia de Murcia, donde la historia del edificio, la hospitalidad del equipo, la gastronomía, la cultura y cada detalle contribuyan a crear una estancia única.
La personalización será uno de nuestros pilares. Entendemos que cada huésped es diferente y que el lujo actual pasa por adaptar la experiencia a sus expectativas e intereses, ofreciendo un servicio atento, discreto y genuino. Además, creemos en un lujo con significado, que pone en valor el patrimonio, el destino y las experiencias locales. Palacio San Juan nace precisamente con esa vocación: combinar la excelencia y la sofisticación propias de un hotel de cinco estrellas con la autenticidad de un lugar que tiene una historia que contar.
En definitiva, el lujo hoy no consiste en tener más, sino en vivir mejor. Y nuestro propósito es que cada persona que cruce las puertas de Palacio San Juan sienta que ha vivido una experiencia irrepetible, elegante y profundamente memorable.
El mayor lujo que podemos ofrecer hoy es hacer que un huésped se sienta especial de una forma auténtica, natural y personalizada.

BW. El hotel ocupa un edificio estrechamente ligado a la historia de Murcia. ¿Cómo se consigue introducir una propuesta contemporánea de lujo sin perder la identidad y la memoria de un lugar como el Palacio de Floridablanca?
EE. Creo que la clave está en entender que la historia y la innovación no son conceptos opuestos, sino complementarios. En un edificio con el valor patrimonial y emocional del antiguo Palacio de Floridablanca, el verdadero reto no es transformar su esencia, sino ponerla en valor y hacerla relevante para el viajero actual.
La identidad de un lugar como este es uno de sus mayores activos. Su historia, su arquitectura y su vinculación con la ciudad le aportan un carácter único que no puede replicarse. Por eso, desde el inicio, hemos querido que Palacio San Juan respete y celebre ese legado, integrándolo en la experiencia del huésped de una manera natural y auténtica.
Al mismo tiempo, un hotel de lujo contemporáneo debe responder a las expectativas de los viajeros de hoy, que buscan confort, personalización, tecnología, bienestar y experiencias memorables. Nuestro objetivo ha sido encontrar el equilibrio entre ambos mundos: preservar el alma y la memoria del edificio mientras incorporamos los estándares, servicios y niveles de excelencia que se esperan de un cinco estrellas de referencia.
Para mí, el lujo más auténtico es aquel que tiene personalidad y sentido de lugar. Los huéspedes valoran cada vez más alojarse en espacios con historia, que les permitan conectar con el destino de una forma genuina. En ese sentido, el Palacio no es solo el escenario de la experiencia, sino una parte fundamental de ella. Queremos que quienes nos visiten perciban que están en un hotel contemporáneo, sofisticado y elegante, pero también que sientan que están viviendo una parte de la historia de Murcia. Cuando se consigue ese equilibrio entre legado y modernidad, el resultado es una experiencia mucho más rica y memorable.
En definitiva, nuestro propósito no es que el Palacio se adapte al hotel, sino que el hotel sea capaz de honrar y proyectar la identidad del Palacio hacia el futuro. El mayor lujo en este hotel es precisamente aquello que no puede construirse de nuevo: su historia, su autenticidad y su profunda conexión con Murcia.
BW. Después de más de una década de trayectoria profesional, ¿cómo definirías hoy tu forma de liderar y dirigir equipos?
EE. Después de más de quince años en el sector, mi forma de liderar ha evolucionado hacia un modelo basado en la cercanía, la confianza y la coherencia. Me gusta estar próxima a los equipos, escuchar, conocer sus inquietudes y comprender las necesidades de cada persona, porque estoy convencida de que los mejores resultados se consiguen cuando las personas se sienten valoradas y partícipes de un proyecto común. Al mismo tiempo, creo en un liderazgo firme, con objetivos claros, altos estándares y una visión bien definida.
La cercanía no está reñida con la exigencia; al contrario, creo que los equipos responden mejor cuando saben qué se espera de ellos y cuentan con un entorno que les permite desarrollarse y dar lo mejor de sí mismos. También doy mucha importancia a la ejemplaridad.
Me gusta liderar desde el compromiso, acompañando a los equipos, especialmente en momentos de reto o transformación. Considero que un líder no solo dirige, sino que inspira, genera confianza y crea las condiciones para que el talento pueda crecer. Si algo he aprendido a lo largo de mi trayectoria es que los hoteles los hacen las personas. Por eso intento construir culturas de trabajo basadas en el respeto, la colaboración, la pasión por el servicio y el orgullo de pertenencia.
Cuando un equipo comparte una misma visión y se siente reconocido, la excelencia surge de manera natural y acaba reflejándose en la experiencia del huésped. Hoy definiría mi liderazgo como cercano y firme, pero también empático, inspirador y orientado al desarrollo de las personas. Porque, al final, el verdadero éxito de un proyecto no se mide solo por sus resultados, sino también por el crecimiento de quienes lo hacen posible.

BW. Tras tantos años trabajando en hoteles, ¿qué te sigue emocionando de esta profesión?
Después de tantos años en la hotelería, lo que sigue emocionándome es precisamente lo que hace única a esta profesión: las personas. Cada día es diferente, cada huésped tiene una historia y cada equipo aporta una energía distinta. Es una industria en constante movimiento, donde siempre hay nuevas oportunidades para aprender, innovar y seguir creciendo. Me sigue apasionando la capacidad que tiene un hotel de crear recuerdos y emociones. Hay algo muy gratificante en saber que, detrás de una estancia, una celebración especial, un viaje de negocios o unas vacaciones en familia, hay un equipo trabajando para que esa experiencia sea memorable. También me motiva enormemente el desarrollo de las personas.
A lo largo de mi carrera he tenido la suerte de acompañar a muchos profesionales en su crecimiento, ver cómo asumen nuevas responsabilidades y cómo evolucionan hasta convertirse en líderes. Sin duda, esa es una de las mayores satisfacciones de esta profesión.
Y, por supuesto, me siguen ilusionando los retos. La hotelería es un sector que nunca deja de reinventarse. Cada proyecto, cada destino y cada etapa presentan nuevos desafíos que te obligan a mantener la curiosidad, la capacidad de adaptación y la pasión intactas. Hoy, quizá más que al principio de mi carrera, me emociona contribuir a construir proyectos con identidad propia, formar equipos comprometidos y crear experiencias que dejen una huella positiva tanto en nuestros huéspedes como en las personas que trabajan con nosotros.
Al final, lo que me sigue enamorando de esta profesión es que combina algo muy difícil de encontrar: la excelencia en la gestión con el privilegio de trabajar cada día con personas y para las personas.
Después de todos estos años, sigo sintiendo la misma ilusión cuando veo abrirse las puertas de un hotel y sé que detrás hay un equipo preparado para crear experiencias inolvidables.
BW. Si dentro de cinco años alguien le preguntara a Evelyn Estrada qué cambió en Murcia con la llegada de su primer hotel de cinco estrellas, ¿qué te gustaría poder responder?
EE. Me gustaría poder responder que la llegada del primer hotel de cinco estrellas no solo elevó la oferta hotelera de la ciudad, sino que contribuyó a reforzar la confianza de Murcia en su propio potencial como destino. Me gustaría que dentro de cinco años se hablara de Palacio San Juan como un proyecto que ayudó a dar mayor visibilidad a Murcia, atrayendo nuevos perfiles de viajeros, impulsando el turismo de calidad y proyectando una imagen más internacional, sofisticada y contemporánea de la ciudad, sin renunciar a su esencia.
También me gustaría que se reconociera su capacidad para generar valor en el entorno, colaborando con empresas locales, poniendo en valor el patrimonio, promoviendo la gastronomía regional y contribuyendo al dinamismo económico y turístico de la ciudad.
Pero, más allá de las cifras o los reconocimientos, lo que realmente me gustaría es que Palacio San Juan fuera recordado como un hotel que se integró plenamente en Murcia, que respetó su historia y que ayudó a que más personas descubrieran todo lo que esta ciudad tiene para ofrecer.
Y, en lo personal, me encantaría poder decir que construimos algo que trascendió al propio edificio: un proyecto con alma, liderado por un equipo orgulloso de pertenecer a él y capaz de convertir cada estancia en una experiencia memorable.
Si dentro de cinco años alguien me hiciera esa pregunta, la respuesta ideal sería que Palacio San Juan no solo cambió la oferta hotelera de Murcia, sino que se convirtió en parte de la historia de su transformación y de su crecimiento como destino de referencia. Me gustaría que se dijera que «Palacio San Juan llegó a Murcia para alojar viajeros, pero que acabó contribuyendo a impulsar un destino».
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