Comer mejor y de forma más consciente, cuidarse más, ser constantes con la salud y la belleza… Seguro que son algunos de tus propósitos este año pero, ¿cómo lograr que esas intenciones no caigan en el olvido en unas semanas? Buscamos respuestas con Blanca Llácer, farmacéutica especialista en dermofarmacia y cuidado de la piel con más de 25 años de trayectoria profesional.
Divulgadora, vocal de dermofarmacia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Alicante y profesora del Máster de Dermofarmacia y Cosmética de la Universidad Miguel Hernández, Blanca es una de las voces más reconocidas del sector.
Desde 2022, además, impulsa su propia marca de venta exclusiva en farmacias, THE LAB, con fórmulas veganas, libres de disruptores endocrinos, sin perfumes ni ingredientes con alérgenos de declaración obligatoria, pensadas para minimizar el riesgo de sensibilización o irritación cutánea.
Con ella hablamos para comenzar el año cuidando lo más importante que tenemos: la piel, “ese templo en el que reside todo nuestro ser”.
La constancia: el verdadero secreto del cuidado de la piel
Uno de los objetivos que más se repiten el 1 de enero es mantener la constancia en las rutinas de belleza y salud. Sin embargo, no siempre resulta fácil sostenerla en el tiempo. “Al comenzar el año solemos hacerlo todo desde la emoción. Nos marcamos objetivos más que ambiciosos, soñamos a lo grande y queremos resultados inmediatos”, explica Blanca. El problema, añade, es que «cuando hablamos de piel y de salud no existen atajos».
Desde su experiencia profesional, la clave está en crear rutinas realistas y sostenibles, empezando de menos a más. Primero instaurar el hábito con pocos pasos bien elegidos y fáciles de integrar en el día a día. “Cuando la rutina ya forma parte de nuestra vida y empezamos a ver resultados gracias a la constancia, es cuando podemos escalar”. «La piel, -recuerda-, responde al tiempo, pero también a la coherencia, y entenderlo marca la diferencia entre abandonar o construir resultados duraderos».
Hacia una dermocosmética más consciente y minimalista
Durante años, el cuidado facial se asoció a rutinas interminables y acumulación de productos. Hoy, el escenario ha cambiado. “Venimos de una etapa de saturación absoluta. Hoy el consumidor busca eficiencia, no cantidad”, afirma.
«Estamos entrando en una era claramente más minimalista e inteligente, donde se valoran los productos full spectrum, multifuncionales, capaces de aportar varios beneficios en un solo gesto. Productos que encajen en la vorágine del día a día sin renunciar a la eficacia», comparte.
Además, cobran protagonismo las fórmulas inclusivas, aptas para diferentes tipos de piel e incluso para toda la familia, facilitando no solo las rutinas de skin care, sino también las decisiones de compra. “Hemos dejado atrás la creencia de que para que un producto funcione tiene que doler o irritar. Hoy entendemos que la eficacia no está reñida con la tolerancia, y eso es un enorme avance en dermocosmética y en salud cutánea”.
El autocuidado como acto emocional
Más allá de la estética, el cuidado de la piel se ha convertido en un espacio emocional y personal. “El autocuidado ha dejado de ser superficial para convertirse en un acto profundamente personal”, asegura Blanca Llácer. «El autocuidado ha dejado de ser superficial para convertirse en un acto profundamente personal. Hemos aprendido a disfrutar del cuidado, a encontrar nuestro momento dentro del caos diario, a esperarlo con deseo y a venerarlo».
De hecho, añade, «La rutina cosmética ya no es solo un medio para verse mejor, sino una herramienta de conexión con uno mismo. Forma parte del proceso de empoderamiento: parar, sentir la piel, entenderla y escucharla. Es un gesto íntimo que va mucho más allá del espejo y que impacta directamente en el bienestar emocional».
Los hábitos que realmente marcan la diferencia
En cuanto a los hábitos que realmente marcan la diferencia, la farmacéutica señala dos pilares que todavía son, lamentablemente, infravalorados. El primero es la limpieza, especialmente la doble limpieza. “Limpiar correctamente la piel es un gesto de tratamiento en sí mismo. Retirar maquillaje, filtros solares, contaminación y residuos es imprescindible para que cualquier activo posterior funcione”.
«El segundo gran hábito es la fotoprotección, entendida no solo como un escudo frente al sol, sino como un auténtico tratamiento antiedad. La combinación de fotoprotección con activos hidratantes, antioxidantes o reparadores en una misma fórmula es uno de los grandes avances actuales y una de las claves para preservar la salud cutánea a largo plazo», continúa.
Una presión estética más silenciosa, pero igual de exigente
Queremos saber también si la presión estética también ha entrado en un proceso de transformación, y la experta así lo confirma. La presión estética no solo no ha disminuido, sino que está viviendo un crecimiento exponencial, y sinceramente no sé dónde está el techo. Ha cambiado la forma, se ha vuelto más silenciosa, más normalizada, pero igual de exigente.
Además, alerta, «Fenómenos como la cosmeticorexia, que ya se ha convertido en un problema real de salud pública; el acceso masivo, a cualquier edad y sin motivo aparente, a la medicina estética y la sobreexposición en redes sociales generan una autoexigencia creciente y constante. Por eso es tan importante volver al criterio, a la individualidad y a una relación sana con la piel y con el envejecimiento».
Entonces, ¿por dónde empezar sin obsesionarse?
Para aquellas mujeres que desean cuidarse mejor sin obsesionarse ni complicarse, Blanca lo tiene claro: conocer realmente las necesidades de su piel. “Eso no se consigue siguiendo tendencias ni copiando rutinas ajenas, sino acudiendo a un profesional sanitario que entienda de fisiología cutánea, de alteraciones, de envejecimiento y de formulación cosmética”. En este proceso, insiste, la individualización y la constancia son claves inseparables. En este sentido, reivindica el papel del farmacéutico como figura de referencia. “La farmacia es, y debe seguir siendo, el espacio para un cuidado de la piel riguroso, seguro, eficaz y personalizado”.
Los básicos imprescindibles del día a día
«Una limpieza eficaz pero respetuosa con la función barrera cutánea, que es nuestro primer escudo protector frente al cruento exposoma, antioxidantes bien formulados y pautados siempre en la rutina de día para evitar la oxidación e inflamación de bajo grado y por supuesto fotoprotección de amplio espectro diaria adaptada a cada tipo de piel, que incluya no solo filtros frente a los architemidos UVB y UVA, si no también frente a radiaciones que aceleran el envejecimiento y alteran la salud de nuestra piel como son la luz azul o los IR».
Junto a ello, «Por supuesto, a medida que avanzamos en la vida sumando años de vivencias, se hace necesario ese pequeño empujón extra para intentar ralentizar los signos del envejecimiento, incorporando activos renovadores y transformadores, siempre con cabeza, criterio y constancia. De esta forma este año conseguiremos realmente cuidar de este lugar en el que habitamos que es LA PIEL», concluye Blanca Llácer.
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