Manual práctico del autosabotaje femenino, Sandra Quiles – Psicóloga experta en creencias limitantes y Mentora de emprendedoras

sandra quiles

Emprender está de moda. Y en el papel suena bien: haces lo que te gusta, tienes libertad, te organizas tus horarios y encima, ayudas a otras personas con tu talento. Pero luego llega la realidad. Y muchas terminamos igual: formadas hasta las cejas, publicando contenido sin parar, agotadas emocionalmente y con la cuenta bancaria en números que no cuadran con tanto esfuerzo. Y ahí es donde te preguntas: ¿qué estoy haciendo mal?

Cómo no hacer crecer tu proyecto y seguir agotada: manual práctico del autosabotaje femenino

Lo más curioso es que, si estás leyendo esto, probablemente no te falta talento, ni formación, ni buenas ideas. Lo que te está pasando tiene otro nombre, y no se soluciona con más cursos ni con una sesión de fotos profesional. Se llama autosabotaje. Y va de la mano del famoso síndrome de la impostora.

Esa voz interna que aparece justo cuando estás a punto de lanzarte, de decir tu precio, de mandar esa propuesta, de grabarte para redes o de sacar una idea que te emociona. Esa voz que te susurra: “¿Y si no es suficiente?”, “¿Y si te critican?”, “¿Quién eres tú para hacer esto?”. Y si no te habla así, igual te susurra más educadamente con excusas tipo: “Mejor espero a tenerlo perfecto”, “Voy a hacer otro curso antes”, o “Cuando tenga la web bien, ya lanzo”. Todo eso tiene el mismo origen: el miedo.

Pero no es culpa tuya. Ni eres una floja. Ni tienes poca autoestima. Lo que pasa es que tu cerebro no está diseñado para que triunfes. Está diseñado para que sobrevivas. Y cada vez que haces algo nuevo o incómodo, como exponerte, poner límites o vender, tu sistema nervioso lo interpreta como un posible peligro. Porque fuera de tu zona conocida no hay control. No hay garantías. Y como el cerebro odia el riesgo, empieza a lanzarte alarmas para que te quedes donde estás, tranquilita y a salvo, aunque eso implique quedarte pequeña, frustrada y con mil ideas sin salir.

El problema es que esto no se ve desde fuera. Desde fuera pareces ocupada, enfocada, profesional. Pero por dentro te estás saboteando de mil formas. Te formas sin parar porque “todavía no estás lista”. Buscas la perfección porque “quieres hacerlo bien” (aunque eso signifique no hacerlo nunca). Te comparas con otras constantemente, como si todas tuvieran las cosas más claras que tú. Cobras poco, por si acaso, por si alguien piensa que te has flipado. Y evitas vender directamente porque, en el fondo, te da miedo que te digan que no… o peor aún: que sí, y te descubran “una impostora”.

Sé que este patrón cansa. Agota. Porque no solo no avanzas como quieres, sino que encima terminas culpándote por no ser más valiente, más decidida, más constante. Pero aquí viene lo bueno: esto no es una condena. Es un sistema que se puede desmontar. Con conciencia, con práctica y con las herramientas adecuadas.

Y para eso no necesitas un mantra mágico ni visualizar unicornios. Necesitas actuar. Pero no a lo loco. Te hablo de acciones pequeñas, ridículas incluso, pero constantes. Porque tu cerebro no cambia con ideas, cambia con evidencia. Necesita pruebas de que puede hacer cosas incómodas y no se muere en el intento.  

Siempre aparece, incluso a las psicólogas expertas en creencias negativas y miedos, solo que con buenas herramientas y entrenamiento, la detectamos rápido, la invitamos a una copa de vino, y a seguir funcionando. Lo de la copa de vino es una broma que salió en la última edición de mi programa grupal y ,oye, nos funciona muy bien a todas.

No estás rota. No estás perdida. Solo estás operando con un sistema que aprendiste hace años, cuando necesitabas agradar, encajar o no molestar. Pero ahora ya no eres esa niña. Y aunque esa impostora siga ahí, puedes bajarle el volumen y empezar a hablar más fuerte que ella.

Lidiar con el síndrome de la impostora no se soluciona repitiendo frases en el espejo o “creyendo más en ti”. Lo que necesitas es entrenar tu sistema nervioso y actualizar las conexiones que tu cerebro hizo hace años y que hoy ya no te sirven. Porque la seguridad no se espera. Se construye. Aquí te dejo algunos pasos sencillos pero potentes para empezar a hackear ese patrón mental de raíz:

  1. Habla en voz alta con tu impostora. Literal. Escríbele, ponle nombre, y cuando aparezca, no le creas todo lo que dice. Esa voz no eres tú: es un eco de tus antiguas creencias.
  2. Haz microacciones incómodas cada día. El cerebro aprende por repetición y exposición. Si cada día haces algo pequeño que antes evitabas -aunque sea mandar un email, grabarte, o decir tu precio- estás enseñándole que no hay peligro real.
  3. Entrena la incomodidad, no la motivación. Esperar a tener ganas o “estar inspirada” solo refuerza la parálisis. Lo que necesitas es tolerancia a la incomodidad emocional, y eso se entrena como un músculo.
  4. Reformula tus pensamientos automáticos. Cuando pienses “no soy lo bastante buena”, pregúntate: ¿esto es un hecho o una historia que me estoy contando? Si no lo dirías a una buena amiga, no te lo repitas como si fuera verdad.
  5. Cambia el foco de ti a tu impacto. Cuando te obsesionas con hacerlo perfecto, estás mirando hacia ti. Cambia la pregunta: no digas “¿lo estoy haciendo bien?” sino “¿esto está ayudando a alguien?”. Eso baja el ruido interno y activa la acción.
  6. Registra tus logros como si fueras tu propia jefa. El cerebro recuerda mejor el error que el éxito, así que escribe tus avances cada semana: desde una conversación difícil que tuviste, hasta una publicación que te dio miedo hacer y la hiciste igual.
  7. Rodéate de entornos donde no tengas que demostrar, solo ser. Estar constantemente en lugares donde sientes que debes “probar tu valor” refuerza la impostora. Busca espacios seguros donde puedas compartir dudas sin juicio y celebrar sin culpa.

Esto no va de eliminar el miedo. Va de avanzar con él a cuestas. Porque tu impostora puede venir contigo en el camino, pero quien lleva el volante, eres tú.

Puedes seguir esperando a sentirte lista… o puedes decidir avanzar sin permiso. Porque no hace falta sentirte segura para actuar. Hace falta actuar para sentirte segura.

Y tú, créeme, ya estás más que lista.

Sandra Quiles – Psicóloga experta en creencias limitantes y Mentora de emprendedoras

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