¿Qué ocurre realmente cuando una mujer intenta sostener un proyecto profesional mientras atraviesa la maternidad? ¿Existe la conciliación real? ¿Dónde queda la culpa? ¿Es normal sentirse insegura y vulnerable? Todas estas preguntas tienen algo en común: son (preocupantemente) recurrentes no solo entre mujeres que son ya madres, o que están embarazadas, sino entre aquellas que comienzan a plantearse si quieren, o no, serlo.
Según el informe «El estado de la maternidad en Europa 2024», España cuenta con los peores datos de salud mental materna en Europa. En concreto, el 78% de las madres encuestadas ha afirmado sentirse sobrecargada; un 42% sufrir ansiedad e incluso un 21% confiesa padecer burnout.
En este sentido, contar con acompañamiento emocional y un consejo profesional (sostenido, además, en una experiencia real) es muy importante para ayudar, normalizar e interiorizar un proceso tan especial y, al mismo tiempo complejo, como es la maternidad.
Uno de los perfiles más preparados para ello es Natalia Segura, psicóloga sanitaria especializada en maternidad y procesos oncológicos, con más de 11 años de experiencia profesional en el acompañamiento emocional en contextos de alta vulnerabilidad.
A lo largo de su trayectoria ha trabajado en asociaciones de enfermedades raras, en la Asociación Española Contra el Cáncer y en equipos de cuidados paliativos. En paralelo, Natalia ha ampliado su formación en apego, trauma y regulación emocional, integrando estos enfoques en su práctica clínica con mujeres y familias.

Una dilatada experiencia profesional que, en un momento determinado, unió a su experiencia vital más importante: la maternidad. Esto marcó un punto de inflexión en su carrera profesional, orientando su trabajo hacia el acompañamiento psicológico en procesos de búsqueda de embarazo, embarazo, posparto y crianza temprana. Desde entonces trabaja en consulta privada acompañando a mujeres y parejas en procesos de transformación emocional asociados a la maternidad, la identidad y la corresponsabilidad.
Defensora de la corresponsabilidad real en la pareja, la comunicación consciente y la crianza respetuosa, Natalia centra su labor en ayudar a las mujeres a liberarse de la culpa, la autoexigencia y la sobrecarga mental, promoviendo modelos familiares más igualitarios, conscientes y sostenibles.
Una de los pilares más importantes es la formación, donde, Natalia conecta a nivel personal y directo con aquellas mujeres que necesitan comprender la maternidad desde todos sus ángulos y perspectivas. Dentro de unos días impartirá la charla «Ser madre y emprender sin culpa» en Maison Bamico donde hablará de todo ello.
«Lo especial de esta formación es que no busca enseñar a ´llegar a todo´, sino ayudar a comprender por qué sentimos que no llegamos. Integro mi experiencia clínica de más de once años trabajando en contextos de alta vulnerabilidad emocional, con mis especialidades para ofrecer un espacio donde podamos entender el impacto emocional real de la maternidad», explica la experta.
Desde una mirada psicológica se sincerará sobre aquello que ella (que, además, es madre de un niño de 4 años y está embarazada del segundo), ve en consulta. «Creo que muchas veces hablamos de conciliación en términos organizativos, pero lo que yo veo en consulta es que el verdadero conflicto es interno: culpa, autoexigencia, sensación de no reconocerse, carga mental y dificultad para redistribuir responsabilidades».
También habrá espacio para la reflexión más profunda. «Para mí es importante hablar de los cambios neurológicos y psicológicos que se producen en esta etapa, de cómo la identidad se transforma y de por qué es normal sentir que “ya no soy la misma”. Muchas mujeres llegan a consulta creyendo que algo falla en ellas, cuando en realidad están atravesando un proceso de cambio profundo», aclara.
Asimismo hablará sobre algo tan importante y de actualidad como la corresponsabilidad. «Sin una redistribución real del cuidado y de la carga mental, el emprendimiento femenino se vuelve insostenible. No se trata solo de organizarnos mejor, sino de revisar dinámicas y aprender a comunicar necesidades sin culpa».
«Mi intención es que las asistentes se sientan vistas, comprendidas y acompañadas, y que puedan salir con más claridad y menos peso emocional. Cuando una mujer entiende lo que le está pasando, deja de culparse y puede empezar a tomar decisiones más conscientes, tanto en su vida profesional como personal», concluye.
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