Representa a la segunda generación de una empresa familiar estrechamente vinculada a la gastronomía y la hostelería de la Región de Murcia y, más recientemente, de la provincia de Alicante. De sus padres —Juan Pablo Nicolás, gerente de la empresa, y Rosario Álvarez, pilar fundamental en las decisiones más importantes de la trayectoria de su marido— heredó los valores que hoy rigen su vida. Su incorporación a Nicolás y Valero ha sido un proceso natural y una decisión personal; desde pequeña tuvo claro que quería formar parte de este proyecto y se formó específicamente para asumir un puesto de responsabilidad cuando llegue el momento del relevo. «Nicolás y Valero, más que una empresa, es una parte más de mi familia: un ente que se cuida, donde se trabaja en equipo y las oportunidades se buscan, no te llegan», confiesa Pilar Nicolás Álvarez, quien actualmente ocupa la posición de directora adjunta en la empresa.
BW. Pilar, háblanos sobre tu formación profesional.
PN. Me alegra que me preguntes esto porque siempre me he sentido muy orgullosa de mi formación y de mi apuesta por la educación universitaria y de posgrado que se imparte en la Región de Murcia.
Mi formación universitaria empezó con mi Doble Titulación de Grado en Derecho y Grado en Administración de Empresas en la Universidad de Murcia. Posteriormente, realicé un Máster Executive MBA en Enae Business School y al año siguiente, un Programa Ejecutivo de Control Estratégico – Controller organizado por ENAE y el GCCI.
He de recalcar que en mis años de estudios universitarios y posgrado nunca me imaginé trabajando en nada en concreto, solamente quería enfocarme en entender la empresa desde una perspectiva amplia: gestión, estrategia, organización y tecnología. Es por ello que para mí ha sido esencial poder adquirir herramientas que me permitieran aportar valor real al negocio familiar y afrontar los retos de una empresa que está en constante evolución.
Pero más allá de la formación académica, gran parte de mi aprendizaje ha sido práctico. He tenido la suerte de crecer profesionalmente dentro de una compañía con casi cuatro décadas de trayectoria, aprendiendo directamente de la experiencia de mi padre y del gran equipo humano que forma la familia Nicolás y Valero. Ese equilibrio entre formación y aprendizaje diario en la empresa es lo que me ha permitido desarrollar una visión bastante completa del sector.
BW. Más allá de los títulos, ¿cómo te defines a ti misma como profesional y como mujer?
PN. Me gustaría presentarme como una mujer preparada y con formación académica, con valores profundos como el respeto y la empatía, el trabajo en equipo y la mejora continua, la estrategia y la responsabilidad. Una mujer que no quiere imponer su voz en base a su procedencia, sino que busca que el respeto a sus ideas sea la consecuencia de sus conocimientos, de su trabajo y de su compromiso.
Me considero una persona muy intensa y, sobre todo, comprometida con lo que hago. Soy organizada, constante, profundamente analítica y con una visión estratégica empresarial orientada a corto y largo plazo. Para mí, todo tiene que estar hilado y con coherencia respecto a lo que la empresa busca, necesita y representa, pero, por supuesto, no sin olvidar el trato y cercanía con las personas. Me gusta tratar a mis compañeros de Nicolás y Valero con empatía y escucha activa; al fin y al cabo, son una parte.
Como mujer en una empresa del sector de la distribución gastronómica, creo que aporto una mirada basada en la sensibilidad hacia el equipo, la comunicación y la gestión de talento. También valoro mucho la creatividad y toda la parte de innovación.
BW. Representas una nueva etapa en una empresa con una gran historia. ¿Qué generación encabezas y cuáles son las lecciones más valiosas que has heredado de tus padres y abuelos?
PN. . Junto a mis dos hermanos, nos define mucho la responsabilidad de representar la segunda generación dentro de una empresa familiar. Eso implica mantener lo que funciona, pero también impulsar cambios y nuevas formas de hacer las cosas.
Me define mucho la responsabilidad de representar la segunda generación dentro de una empresa familiar. Eso implica mantener lo que funciona, pero también impulsar cambios y nuevas formas de hacer las cosas.
Mi padre, y a su lado mi madre, han levantado con muchísimo esfuerzo y con una visión muy clara esta empresa: ofrecer producto de calidad y un servicio a la altura del profesional de la gastronomía con el que estamos tratando. Si tuviera que resumir las lecciones más importantes que he heredado, diría tres: el respeto por el cliente, el cuidado del equipo y la importancia de la honestidad en los negocios. Mi padre siempre nos ha transmitido que la confianza se construye día a día y que una empresa solo puede crecer si mantiene sus valores. Esa filosofía sigue siendo uno de los pilares de nuestra manera de trabajar.
BW. Con casi 40 años de experiencia en el sector gastronómico, ¿cuál consideras que ha sido la clave para que Nicolás y Valero se mantenga como un referente de éxito?
PN. Creo que la clave ha sido escuchar las necesidades de nuestros clientes y mejorar continuamente para cumplirlas. Nosotros trabajamos con profesionales de la gastronomía y de la hostelería, y eso significa que tenemos que estar muy atentos a lo que necesitan: calidad, fiabilidad, rapidez y asesoramiento. Otra clave es que seguimos siendo una empresa cada día más profesional, pero siempre muy cercana. Aunque hemos crecido, mantenemos una relación directa con muchos clientes que llevan años y décadas trabajando con nosotros. Y no menos importante, la capacidad de adaptarnos. El sector gastronómico cambia constantemente y nosotros hemos sabido evolucionar sin perder nuestra esencia familiar y cercana.
BW. Formas parte de una generación de mujeres que está transformando los puestos de responsabilidad. ¿Cómo imprimes tu sello personal en la dirección de la empresa?
PN. Intento aportar una mirada más estratégica y muy centrada en la organización interna y en el desarrollo del equipo. Creo mucho en crear estructuras y sistemas sólidos que permitan que la empresa siga creciendo de forma ordenada y profesional, y es por eso que estoy actualmente creando sistemas de trabajo y apoyándome en tecnologías de la información para ello.
También estoy muy implicada en la comunicación de la marca y en la manera en la que nos relacionamos con el sector gastronómico. Hoy no basta con distribuir el mejor producto: hay que generar comunidad, conocimiento y valor alrededor de la gastronomía.

Mi sello personal está probablemente en esa combinación entre estrategia, tecnología, visión de futuro, cuidar todos los detalles y mantener nuestra cercanía y valores con los y las profesionales de la gastronomía. Mi padre ha instaurado todos estos años un criterio empresarial de compromiso y responsabilidad que es transversal a toda la organización.
Somos una empresa familiar, pero con una estructura cada vez más profesionalizada, donde cada área tiene autonomía y responsabilidades claras. Hay valores que siempre han estado presentes en Nicolás y Valero: el compromiso con el cliente, el respeto por el producto y el cuidado del equipo humano. Creemos que las empresas se construyen con personas. Por eso trabajamos para que el equipo se sienta parte del proyecto y para que exista un ambiente de colaboración y crecimiento profesional.
En nuestra empresa creemos que el talento no entiende de género, sino de capacidad y compromiso. Por eso intentamos que las oportunidades dentro de la organización sean siempre iguales para todos. Actualmente, estamos trabajando cada día más en entender las necesidades que los trabajadores como sociedad necesitan, entendiendo sus ritmos y circunstancias personales. Cuidar al equipo no es solo una cuestión de políticas internas, sino de cultura empresarial. Cuando las personas se sienten valoradas, el proyecto crece de forma mucho más sólida, y eso se nota en el ambiente diario.
BW. ¿Qué retos le quedan por conquistar a Pilar Nicolás? ¿Hasta dónde aspiras a llevar el legado familiar?
PN. Mi principal reto es contribuir a que Nicolás y Valero sigan creciendo y evolucionando sin perder la esencia que nos ha traído hasta aquí. Me gustaría que la empresa siga consolidándose como un referente en la distribución gastronómica y que podamos seguir ampliando proyectos, mercados y servicios para nuestros clientes. Pero más allá del crecimiento empresarial, mi aspiración es que el legado familiar continúe siendo un proyecto del que sentirnos orgullosos: una empresa sólida, referente en el sector y que siga generando oportunidades para muchas personas.
BW. Como figura clave en la distribución gastronómica, ¿cómo ves la evolución del sector en la Región de Murcia y qué papel juega la innovación en vuestro día a día?
PN. La Región de Murcia está viviendo un momento muy interesante a nivel gastronómico. Cada vez hay más profesionales que apuestan por la calidad, la identidad del territorio y la innovación en cocina. Eso nos obliga también a evolucionar como distribuidores. Hoy nuestro papel no es solo suministrar producto, sino asesorarle para que lo gestione de la mejor manera, acompañar al cliente con conocimiento, nuevas referencias y propuestas que aporten valor a su carta. La innovación, en nuestro caso, tiene mucho que ver con escuchar al sector, anticiparnos a tendencias y seguir construyendo relaciones de confianza con los profesionales de la gastronomía.





