Francisca Muñoz, (MUHER): “Lo más bonito de crear el catafalco ha sido comprobar que el arte puede ser un abrazo colectivo”

catafalco

Mañana Murcia no será solo una ciudad. Será memoria, emoción e identidad compartida. Y es que, el Entierro de la Sardina es ese momento del año en el que cada murciano vuelve a sentir una emoción indescriptible que, en esta ocasión, además, es especialmente único, ya que coincide con el 175 aniversario de esta fiesta declarada de Interés Turístico Internacional.

Mañana es la noche en la que el arte y la cultura pasan a ser aquello que cada persona siente cuando ven arder la sardina. Este año, ese sentimiento tiene una forma nueva: la del catafalco creado por el estudio MUHER.

“Lo más bonito ha sido comprobar que el arte puede ser un abrazo colectivo”, confiesa Francisca Muñoz. Y en esa frase cabe toda Murcia. Porque mañana, cuando la sardina recorra las calles, no habrá una sola mirada igual. Habrá quien recuerde su infancia, quien la vea por primera vez, quien ría y quien se emocione sin saber muy bien por qué. Pero todos, de alguna manera, estarán conectados.

“Cuando ves a la gente detenerse, señalar, reír, emocionarse… entiendes que has tocado algo que ya les pertenecía. Nosotros solo lo devolvimos en forma de luz, movimiento y color”, continúa la artista.

Ese “devolver” es clave. Porque el catafalco no nace solo del talento de sus creadores, sino del imaginario colectivo de una ciudad que lo reconoce como propio.

Diez metros de altura, movimiento, luz y color. Pero, sobre todo, vida. La sardina de MUHER se mueve, gira, parece respirar. Como si quisiera escapar, como si supiera que su destino es arder y, aun así, decidiera volar un poco antes.

“Sentí que la sardina quería escapar volando y yo solo tuvimos que darle alas de acero”, explica Francisca.

El Entierro de la Sardina tiene algo profundamente humano: celebrar sabiendo que todo termina. Crear sabiendo que todo arde. Manuel Herrera, co-director de MUHER lo describe como “el vértigo gozoso de quien construye un sueño a escala real, sabiendo que cada soldadura, cada motor y cada gesto llevaba nuestra responsabilidad y nuestra firma”.

Ese vértigo también es el del espectador. El de saber que lo que está viendo no volverá a repetirse. Que es único. Que pertenece solo a ese instante.

Pero este año hay algo diferente, insólito: este catafalco no termina con el fuego. Su estructura permanecerá. «Lo más singular no es su tamaño, sino que estaba diseñado desde el principio para sobrevivirse a sí mismo: la estructura metálica permanece, y nuestra intención es que se instale en una rotonda o jardín de Murcia como homenaje permanente al 175º aniversario. Una obra efímera que se queda. Eso no había pasado antes», explican desde MUHER.

Por eso mañana no será una noche más, será una noche única, que nunca más se repetirá «Porque reúne, por primera vez en la historia del Entierro, todo lo que una obra efímera puede aspirar a ser: escala monumental, ingeniería pensada desde el arte, movimiento, luz, y una historia que no termina cuando se apaga la última llama. Diez metros de altura, elementos cinéticos, iluminación DMX programada, el catafalco más grande jamás construido para esta fiesta», comparten emocionados Francisca y Manuel.

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