Intestino y cerebro, la conexión entre salud digestiva y salud mental

María de Moya, psicóloga general sanitaria

Hoy, como cada 29 de mayo, se conmemora el Día Mundial de la Salud Digestiva. Este año cobra especial relevancia dado que es un hecho que existe un incremento notable de los problemas digestivos en España llegando a afectar casi al 50% de la población. Entre los más comunes el SIBO o las intolerancias alimentarias.

Son numerosas las causas que lo provocan, especialmente relevantes el estrés, el abuso de antibióticos, un estilo de vida poco saludable o la contaminación a la que nos exponemos a diario. Y es que el intestino es llamado el «segundo cerebro», así que, conocer cómo interacciona y qué podemos hacer para cuidarlo, es muy importante. Hablamos con la psicóloga María de Moya para entender ese vínculo tan estrecho entre salud física y mental, cuando hablamos de salud digestiva.

El intestino, el segundo cerebro

BW. Se habla mucho del «segundo cerebro» cuando nos referimos al intestino. ¿Podrías explicar cómo se comunican realmente estos dos órganos y qué implicaciones tiene esa conexión para nuestra salud emocional?

MdM. Cada vez está más clara la relación existente entre cerebro y estómago. Seguro que todas conocéis a alguien que, cuando tiene ansiedad o se siente triste, acaba comiendo alimentos “fuera de su dieta habitual” o ingiriendo cantidades más grandes.

La razón es porque la organización que se establece de “autopista” cerebro-estómago, se invierte. Es decir, en condiciones normales, es el cerebro quien “decide” las grandes cuestiones (no solo referente a la alimentación, sino a modo general) pero, al producirse un proceso a la inversa, nuestro organismo asume que el control estará en el intestino y no en la cabeza.

Por lo que, ante una demanda del estómago, nuestro cuerpo asociará esa información como única y verdadera, en lugar de asociarlo como un ente extraño e ignorar esa afirmación.

Indicativos de una mala salud digestiva

BW. ¿Qué alteraciones en el sistema digestivo suelen reflejar un mal estado emocional o niveles altos de estrés?

MdM. Prácticamente todas. De hecho, si recordamos lo que acabo de explicar del sistema invertido, y a esto le sumamos una patología asociada, como puede ser el intestino irritable o una simple nausea, tendrá una consecuencia psicológica importante en nuestro pensamiento y conducta.

Esto sucede porque el sistema endocrino tiene una red neuronal particular que es altamente sensible a la adrenalina y el cortisol (hormonas estrechamente relacionadas al estrés). Por lo que, ante un nivel alto de estrés, mayor probabilidad de acrecentar estas patlogías del aparato digestivo y, a su vez, mayor estrés al sentirnos condicionadas por el dolor que suelen ocasionar.

BW. En consulta, ¿ves una relación frecuente entre problemas digestivos crónicos (como colon irritable, hinchazón o estreñimiento) y trastornos de ansiedad o estado de ánimo?

MdM. Prácticamente todos los meses hay un paciente nuevo que argumenta, en el motivo de consulta, altos niveles de ansiedad/estrés y malestar estomacal asociado (con o sin diagnóstico). Suele ser habitual la queja ante dicha sintomatología y, en muchas ocasiones, es un aspecto condicionante, pues entienden que su vida se ve reducida a eso. “Si tengo nauseas o diarrea cómo me voy a ir a ese concierto para luego no tener forma de salir rápidamente”, y, lo que en un inicio es un problema “de fácil solución”, se acaba convirtiendo en una fobia a salir fuera de casa (agorafobia: miedo a que suceda algo en un espacio grande y no controlado, por ejemplo, un centro comercial).

Más allá de la dieta, ¿qué rutinas o prácticas emocionales influyen directamente en el equilibrio digestivo (respiración, meditación, gestión del estrés…)?

La salud digestiva, una prioridad

BW. ¿Crees que estamos prestando suficiente atención al eje intestino-cerebro en el ámbito de la salud mental? ¿Por qué debería ser una prioridad en nuestro autocuidado integral?

MdM. Creo que, aunque cada vez se está consiguiendo más demostrar la presencia
de la salud mental en nuestro bienestar y, cada vez se conocen más los
efectos que conlleva no tener una estabilidad mental, sigue habiendo cierta
discrepancia a asociarla a la salud física. Es decir, ya se sabe que el
exceso de estrés manteniendo en el tiempo puede desencadenar en depresión,
ataques de ansiedad y problemas de sueño pero… ¿por qué no se habla de las
consecuencias físicas con tanto ímpetu?

Los programas de prevención en Salud general son claves, es decir, no
dividir estos en salud mental o salud física, sino la salud verla desde un
enfoque integral. Ahí está la clave.

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