Hoy es martes y, aunque aún quedan cuatro días para el fin de semana, ¿cuántas de vosotras no habéis mirado qué tiempo hará? ¿Quién no ha echado un ojo a la ruta que ha preparado con sus amigos o a la escapada que lleva meses planificando con su pareja? Posiblemente pocas os escapáis de alguna de estas preguntas. Todas tenemos algún plan, (más o menos inmediato), que nos hace mucha ilusión, y, al recordarlo, nos sentimos ilusionadas, contentas. Ahora, bien, ¿por qué la felicidad que sentimos al anticiparnos a un evento suele ser más intensa que la que experimentamos en el propio momento? Tiene un nombre: felicidad anticipatoria.
«Normalmente, explica la psicóloga María de Moya, el “problema” surge en la anticipación y la expectativa a ese plan tan estupendo que vamos a vivir.
Creo que todos estamos condicionados a ese evento estrella en el que disfrutaremos y daremos el máximo exponente de nosotros mismos, donde, quizá, lo observado o bien lo contado por el otro, nos construye una imagen de lo que yo experimentaré, cumpliéndose, así, la expectativa ante el propio momento.
Sin ir más lejos están las expectativas ante los viajes. Antes de ir a Nueva York o Londres, todos hemos visto esas imágenes de postales implícitas, todos hemos caminado por esas calles, entrado a esos museos y paseado por esos puentes. Es decir, el visualizarnos allí crea una ilusión tan intensa que, en ocasiones, sustituye el propio momento».
Conocer qué papel juega la imaginación en la felicidad anticipatoria y cómo aprovecharla para potenciar nuestro bienestar es fundamental. Así lo explica la experta.
«Simple y llanamente: en este caso, la imaginación es clave para aumentar la dopamina y la reducción del cortisol. Siendo la primera la precursora del sistema de recompensa y, el segundo, de reducir el estrés. Al pensar en los momentos que podríamos disfrutar, nuestra mente se teletransporta a esa recreación sobre la expectativa que esperamos que se cumpla y somos capaces de experimentar estos cambios hormonales como si lo estuviéramos viviendo en realidad».
Sin embargo, dejar volar nuestra imaginación sin límites es peligroso. Es muy fácil caer en la frustración o desaprovechar ese momento tan especial que llevas tanto tiempo esperando. Es necesario saber si existe una forma saludable de gestionar la expectativa sin que la realidad nos decepcione cuando el acontecimiento ocurre.
«En un primer momento va a ser inevitable sentir esa decepción pero sí que podemos buscar alternativas que nos ayuden pre y durante el evento real. Por ejemplo, asumir que la forma en la que lo expresan el resto no tiene por qué ser para mí del mismo modo ni de la misma intensidad», continúa María.
«Otra opción es que, cuando estemos en el lugar (pongamos, por ejemplo, un viaje), asumamos que cuanto más turístico sea el destino, más probable es que ya esté masificado/contaminado/expuesto al exceso y que, por ende, no consigamos disfrutarlo como nuestra mente prometía», sigue.
Como alternativa, «podemos buscar otros planes alternativos y menos conocidos que seguro consiguen captar esas emociones», sugiere.
Seamos realistas. A todo se une que estamos inmersos en un mundo donde prima la inmediatez, ¿cómo podemos reaprender a disfrutar de la espera y del placer de planificar?, preguntamos a la experta.
«Por supuesto, yo a mis pacientes siempre les digo (y les pido) que aprendan a aburrirse. Tenemos que saber que ese refuerzo constante del sistema de recompensa, recordemos, la dopamina, no es real.
De hecho, se conoce que está estrechamente ligado a las adicciones (no solo consumo de drogas, podríamos hablar hasta de la tecnología) y que la realidad anda bastante lejos de esa expectativa.
¿Quién no se ha aburrido en casa una tarde y ha buscado mil opciones de plan para salir? Es genial que salgas, pero también debes aprender a disfrutar de esa falta de dopamina. Asumimos que cuando algo no es novedoso, automáticamente es aburrido. Y nada más lejos de la realidad. Hay que convivir con la cotidianidad y reconectar con momentos de nuestra vida que, en un primer momento, nos parezcan menos apetecibles», apunta.
Más allá de los eventos grandes, ¿cómo podemos aplicar la felicidad anticipatoria a nuestra rutina diaria para mejorar nuestro estado de ánimo?. De Moya nos recomienda:
- Planificar pequeños momentos: busca leer ese libro que tienes pendiente.
- Utilizar el autocuidado: dedica momentos al baño, la higiene, la limpieza…
- Recurrir al deporte: implica dopamina de forma directa.
- Establece metas alcanzables: haz tareas que se salgan de la cotidianidad pero que impliquen un gasto mínimo o que estén muy a nuestro alcance. Por ejemplo, patinar, ir a la playa…
Vivir el momento e identificar y disfrutar de los pequeños detalles cada día nos harán sentir más felices y satisfechos en el presente y el futuro.
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