A menos de una semana para finalizar el año, no todas estamos de vacaciones pero, si eres mamá, ¡tus hijos sí que lo están! ¿Problemas para conciliar? Charlamos con la psicóloga clínica Consu Ruiz sobre ello y acerca de cómo afrontarlo con positividad.
«Es importante que reconozcamos la valía de llevar todo esto hacia delante con una sonrisa, priorizarnos cuando lo necesitemos, tener conciencia de lo que hacemos, de quiénes somos y ponerlo en valor», comenta.
Y es que, en ocasiones, como la época en la que vivimos, las obligaciones, deberes, tareas, actividades, prisas, amigos, cumpleaños, ocio, deporte, vida sana, pareja, casa, compras… llegan como un tsunami, arrasando con todo.
«Todo esto y mucho más agota la energía y deja sin tiempo para el disfrute, ocio y la realización personal. Además, internet nos bombardea con exigencias, cánones e idealizaciones que están muy lejos de ser un reflejo de la realidad y, por si fuera poco, ¡estamos en Navidad!», continúa.
Maternidad, trabajo y funambulismo
En su opinión y, según nos traslada, observa en su consulta, «vivimos en una sociedad muy exigente y compatibilizar ser madre y trabajar hoy, es casi una labor de funambulista.
Ser madre y trabajadora -explica-, hace más difícil conseguir tiempo para realizarse o desarrollarse personalmente o, con suerte, se ve bastante limitado, a coste de renunciar a otras facetas. Perdemos de algún modo nuestra identidad, puesto que dejamos a un lado aquello que nos gusta, nos llena y nos identifica. Todo ello puede afectar profundamente nuestra salud mental”.
Ya sabemos qué ocurre cuando llegamos a este punto: el estrés, la ansiedad o el cortisol se convierten en nuestros inseparables. Al mismo tiempo, nos impiden disfrutar de los momentos que compartimos en familia, con amigos, o con nosotras mismas.
«Si priorizamos demasiado el trabajo, perdemos nuestros intereses e identidad y pueden aparecer síntomas como cansancio, fatiga, despistes, dificultad en la concentración,
pensamientos negativos, rumiaciones, irritabilidad, mal humor, insomnio, evitación,
aislamiento… Las primeras señales pueden ser fisiológicas, cognitivas o conductuales y para explicarlo de forma completa podemos hacer referencia al triple sistema de respuesta.

Nuestro organismo responde a las presiones externas, a la sobrecarga de trabajo o cuando una situación escapa de su control interno o externo a través de tres componentes clave: fisiológico, cognitivo y conductual. Es por esto la multiplicidad de síntomas que manifestamos, que serán distintos según nuestra personalidad. Al aprender a identificar estos síntomas, podemos desarrollar estrategias efectivas para gestionar, reducir la ansiedad y mejorar nuestra calidad de vida», añade.
¿Qué podemos hacer?
Ante ello, sin embargo, debemos responder de forma activa, obteniendo así resultados positivos:
«Debemos descansar bien, llevar una alimentación y vida saludable, hacer deporte, tener contacto con la naturaleza… en definitiva, priorizarnos y no permitir que el trabajo y las obligaciones nos impidan realizar aquello que nos gusta y nos hace sentir vivos y felices. Hay que organizarse, priorizar, parar y mirar hacia nuestro interior. Observaremos qué nos está pasando, para continuar después con equilibrio y al ritmo que mejor se adapte a nuestras necesidades personales y laborales. Es muy importante marcar límites y objetivos dentro y fuera del trabajo. La vida familiar y laboral necesita de un equilibrio justo y efectivo», concluye.
Normalizar que estas situaciones son totalmente comunes es el primer paso para tomar medidas que no nos impidan disfrutar de los momentos libres en estas fechas tan especiales.
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