Belén y Silvia Morales: «Luna Calzados no habría llegado hasta aquí sin su equipo»

Luna Calzados

¿Cómo ha conseguido una pequeña zapatería familiar en Mazarrón convertirse en un grupo con sólida presencia en el arco mediterráneo? Belén y Silvia Morales, directoras de Ventas y Compras de Luna Calzados, respectivamente, representan la segunda generación al frente de una empresa familiar que ha sabido crecer sin perder su esencia. Trabajo, cercanía, honestidad y una clara apuesta por el liderazgo femenino definen la trayectoria de una marca que nació del comercio de proximidad y hoy mira al futuro con una visión de crecimiento estratégico y muy coherente con sus valores. Te animamos a conocer su historia.

BW. Sois la segunda generación al frente de Luna Calzados. ¿Cómo nació la marca? Queremos conocer vuestra historia.

LC. Luna Calzados nace en 1990, cuando nuestros padres abren su primera zapatería en Mazarrón. Era la tercera tienda de calzado que había en el pueblo. Nosotras éramos muy pequeñas: Belén tenía 12 años, Silvia 10, y nuestro hermano Raúl 8. Unos años antes, nuestros padres habían empezado a vender zapatos en el mercado semanal, y ese contacto directo con la gente fue el germen de todo.

La idea de abrir la tienda surge de nuestro padre, pero quien realmente gestionó y lideró el proyecto desde el primer día fue nuestra madre, Juliana. Ella estaba en la zapatería de lunes a lunes, todo el día. Eso marcó profundamente nuestra forma de entender el trabajo. Los tres hemos crecido literalmente entre zapatos: había cajas en las escaleras, en el salón, en el comedor… nuestra casa era una extensión de la tienda. Desde pequeñas ayudábamos a atender, a ordenar y a estar con el cliente. Era lo normal en casa.

Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo de forma muy natural. En 2005 abrimos la tienda del Puerto de Mazarrón, coincidiendo con el momento en el que nuestra madre empieza a desvincularse del día a día para centrarse más en la familia, aunque siempre ha estado muy presente. En 2009 llegó Totana y, a partir de ahí, iniciamos un proceso de expansión sostenido que hoy sitúa a Luna como un grupo con una fuerte implantación en el arco mediterráneo.

BW. ¿En qué momento sentisteis que Luna dejaba de ser solo el proyecto familiar para convertirse también en vuestro propio proyecto?

LC. Ese momento llega cuando decidimos emprender juntas por primera vez. En 2001, con 21 y 19 años, creamos nuestra propia tienda de complementos y ahí dejamos de ser solo parte de un proyecto familiar para empezar a construir algo con identidad propia. Ese primer proyecto fue el germen de lo que hoy es Luna. Ya entonces teníamos muy clara la idea que sigue guiando a la marca: acercar la moda y las tendencias a todo el mundo, sin que el presupuesto sea una barrera. Queríamos que cualquier persona pudiera vestir moda, independientemente de dónde viviera o de cuánto pudiera gastar.

En aquel momento, mucha gente no podía desplazarse a la capital, ni a Murcia o Cartagena, y mucho menos a Madrid. Nosotras hacíamos justo ese recorrido al revés: viajábamos, detectábamos tendencias y las traíamos al pueblo de Mazarrón. Esa manera de democratizar la moda, de hacerla accesible, cercana y real, es exactamente la misma que hoy define a Luna como empresa y como grupo. Ahí empezamos a tomar decisiones como empresarias, a asumir riesgos y a mirar el proyecto con una visión de futuro. Desde ese momento, Luna dejó de ser solo el proyecto de nuestros padres para convertirse también en el nuestro.

BW. ¿Qué valores os definen?

LC. El trabajo y el esfuerzo son la base de todo. Es lo que hemos vivido en casa desde pequeñas y lo que sigue marcando nuestro día a día. Creemos en el trabajo constante, en estar presentes y en implicarnos en cada parte del negocio. Los tres hemos trabajado en otros sitios antes de incorporarnos plenamente a Luna, y es un aprendizaje que valoramos muchísimo y que hoy transmitimos también a nuestros hijos.

La cercanía es otro valor fundamental. Entendemos nuestro trabajo como un servicio: estar cerca del cliente, escucharle y acompañarle. Luna nace del comercio de proximidad y esa forma de relacionarnos sigue siendo esencial, incluso a medida que la empresa crece.

Por otro lado, en Luna la honestidad es clave, tanto con nuestro equipo como con proveedores y clientes. Preferimos hacer las cosas bien, con coherencia, aunque a veces suponga ir más despacio.

Y, por último, la actitud. Afrontamos los retos con una mentalidad muy positiva. Siempre pensamos: esto lo vamos a sacar. Esa actitud es la que nos ha permitido adaptarnos, avanzar y seguir creciendo sin perder nuestra esencia.

BW. ¿Cómo ha evolucionado Luna Calzados desde sus inicios y cuál diríais que ha sido su mayor transformación?

LC. Luna ha evolucionado de forma muy orgánica. Al principio hacíamos absolutamente todo: cargar el camión, comprar el género, atender al público, gestionar la tienda… estábamos en cada parte del proceso.
La mayor transformación llega cuando por primera vez dejamos de atender directamente al público y aprendimos a delegar. Ese momento marca un antes y un después. Pasar de hacerlo todo nosotras a confiar en un equipo fue el verdadero punto de inflexión y lo que ha permitido que la empresa pudiera estructurarse y crecer.

Mirando atrás, lo que sentimos sobre todo es agradecimiento. Desde Magdalena, Alicia y Margarita, que fueron las primeras en incorporarse al equipo, hasta todas las personas que han pasado por Luna a lo largo de los años. Algunas estuvieron una etapa, otras para pagarse los estudios y muchas siguen hoy con nosotros. Todas han sido importantes. Luna no habría llegado hasta aquí sin su equipo.

BW. El liderazgo femenino tiene un peso importante en vuestra historia. ¿Qué papel han tenido y tienen las mujeres dentro de la marca?

LC. El liderazgo femenino ha sido clave desde el origen, empezando por nuestra madre, Juliana, que fue quien realmente lideró y sacó adelante la primera tienda. De ella aprendimos una forma de trabajar basada en la constancia, la responsabilidad y el compromiso, pero también en una gran sensibilidad hacia las personas.

Esa mirada femenina nos ha dado una perspectiva más consciente del trabajo y del sacrificio que hay detrás de cada jornada. En Luna entendemos que trabajar implica renuncias y esfuerzo, y eso influye directamente en cómo gestionamos equipos y tomamos decisiones. Hoy, en Luna, la mayoría del equipo está formado por mujeres. De los tres socios, dos somos mujeres, y gran parte del equipo también lo es. Eso se refleja en una forma de entender la moda pensada para mujeres reales, con vidas reales y presupuestos reales, y en una manera de hacer empresa donde las personas están en el centro.

BW. ¿Cómo entendéis la moda y cómo os adaptáis a las nuevas tendencias y hábitos de consumo?

LC. La moda es cambio constante. En este sector, o te adaptas y eres flexible, o desapareces. No hay otra opción. Estamos renovándonos continuamente. Lo que funcionaba ayer, hoy ya no sirve. Cambia el producto, la forma de exponerlo, la atención al público y la manera de comprar. Nada tiene que ver cómo se vendía hace 30 años con cómo se trabaja hoy. Por eso estamos constantemente revisando nuestra oferta, la experiencia en tienda, la marca y la forma en la que conectamos con el cliente. La moda no es algo estático y Luna tampoco lo es. Adaptarnos forma parte de nuestro día a día y de nuestra forma de entender el negocio.

BW. Mirando al futuro, ¿en qué punto está ahora Luna Calzados y cuáles son vuestros planes de crecimiento?

LC. Ahora mismo, en Luna Calzados, nos encontramos en una fase clara de consolidación. En los últimos años el crecimiento ha sido muy intenso y ahora hemos puesto el foco en ordenar, estructurar y reforzar todo lo construido para poder seguir avanzando con solidez.

El objetivo es fortalecer el grupo, profesionalizar aún más los procesos y desarrollar todo el potencial que tenemos por delante, especialmente en el ámbito de las marcas propias, que representan una de las grandes palancas de crecimiento futuro.

Nuestra aspiración es clara: seguir creciendo con sentido y consolidarnos como un referente del calzado en España, manteniendo siempre los valores que nos han traído hasta aquí y una visión muy clara de marca.

BW. Finalmente, si tuvierais que crear un fondo de armario con tres pares de zapatos, ¿cuáles serían?

LC. Si tuviéramos que crear un fondo de armario con solo tres pares de zapatos, elegiríamos aquellos que acompañan nuestro ritmo de vida y reflejan quiénes somos.

Belén se quedaría con unos stilettos atemporales, unos botines y unas zapatillas básicas, una combinación versátil que le permite moverse con soltura desde el día a día hasta una reunión más formal. Silvia apostaría por unas zapatillas, unas sandalias elegantes y unas botas básicas, equilibrando la comodidad que exige la rutina diaria con un toque sofisticado cuando la ocasión lo pide. Porque, al final, ambas lo tenemos claro: el calzado ideal es aquel que se adapta a nuestro ritmo, nos hace sentir seguras y cómodas, y combina diseño, funcionalidad y estilo.

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