“El sello de Talasur está en la precisión, la personalización y la coherencia entre lo que se imagina y lo que finalmente se construye”
Con motivo del encuentro Mujeres Arquitectas Región de Murcia, conversamos con Beatriz, una profesional clave cuyo trabajo une la tradición artesanal y la innovación técnica. Ella es la Directora del departamento de Interiorismo y Arquitectura en Talasur Group, donde lleva más de diez años al frente de proyectos bajo la marca Lobby Estudio. En este tiempo, ha visto cómo la firma ha crecido sin perder su esencia: ese equilibrio entre el oficio artesanal y la innovación técnica que los define.
Su carrera siempre ha estado vinculada al diseño y la arquitectura interior, entendida no solo como una cuestión estética, sino como una herramienta para mejorar la forma en que las personas viven y experimentan los espacios. Le apasiona ese proceso en el que una idea empieza siendo intangible y acaba convirtiéndose en un lugar que se habita, que se siente y que tiene sentido.
Cree profundamente en la arquitectura que escucha antes de intervenir: escuchar al cliente, al entorno, a la historia del lugar. “Cuando un proyecto nace desde esa escucha, las decisiones fluyen con coherencia. No se trata de imponer una visión, sino de acompañar a cada cliente para encontrar juntos la mejor manera de materializar su identidad”, confieza Beatriz.
En Talasur, esa forma de trabajar se potencia gracias a la cercanía entre los equipos y a la visión global de los proyectos. Desde la idea hasta la ejecución, participando en cada etapa, cuidando los detalles con el rigor del taller y la mirada del diseñador. Esa combinación entre pensar, diseñar y construir es, para ella, lo que da sentido a esta profesión.
BW. ¿Cuáles son tus principales responsabilidades en Talasur?
BM. Coordino un equipo formado por quince personas entre arquitectos y diseñadores. Juntos desarrollamos proyectos integrales, desde la idea inicial hasta la ejecución final, asegurando que cada fase tenga coherencia y sentido. Mi papel es mantener esa visión global: conectar la creatividad con la técnica, las necesidades del cliente con las posibilidades del espacio.
Mi principal responsabilidad es que cada detalle esté cuidado y que cada decisión responda a un propósito real. En arquitectura, lo pequeño tiene un impacto enorme: una proporción, una textura o una línea mal resuelta pueden romper la armonía de un conjunto. Por eso, en Talasur trabajamos con una filosofía muy clara: mantener la excelencia al máximo nivel, con el mismo rigor y cariño con el que un artesano trabaja una pieza única.
Me considero una mediadora entre la idea y la obra. Mi labor es asegurar que la intención original del diseño no se pierda en el proceso constructivo, que la esencia se mantenga viva hasta el último acabado. Y eso solo se consigue con un equipo comprometido, donde cada uno entiende su papel dentro de un proyecto común.
En Talasur creemos que la excelencia no depende del tamaño del proyecto, sino de la actitud con la que se aborda. Por eso, da igual si estamos diseñando un hotel internacional o un pequeño espacio comercial: el nivel de exigencia, la atención al detalle y el respeto por el proceso son siempre los mismos.
BW. Talasur define su servicio de arquitectura como una forma de “resolver problemas”. ¿Cómo se traduce este principio en los proyectos que lidera, especialmente en hoteles y espacios comerciales?
BM. Para mí, resolver problemas significa entender de verdad las necesidades del cliente y del espacio. Cada proyecto plantea un conjunto de desafíos —funcionales, técnicos, estéticos o incluso emocionales—, y nuestro trabajo consiste en transformarlos en soluciones concretas que mejoren la experiencia del usuario y aporten valor real.
En el ámbito hotelero o del retail, eso implica mucho más que diseñar algo visualmente atractivo. Se trata de pensar en cómo se vive el espacio, cómo se recorre, cómo se percibe la luz o cómo fluye la actividad dentro de él. Resolver problemas, en este sentido, es anticiparse: prever cómo funcionará cada área, cómo se mantendrá, cómo se sentirá el cliente cuando la habite.
En Talasur no concebimos la arquitectura como un ejercicio individual, sino como un trabajo colectivo donde intervienen distintas disciplinas. Cuando diseño junto al equipo, buscamos que cada decisión —desde un tabique hasta una luminaria— tenga una razón de ser. Eso nos permite llegar a resultados coherentes, donde la estética nace de la funcionalidad, no al revés.
Creo que lo más interesante de nuestro trabajo es que cada problema técnico es también una oportunidad creativa. Las limitaciones, lejos de frenar, muchas veces impulsan la innovación. En cada proyecto intentamos encontrar ese punto en el que la solución técnica y el diseño se integran con naturalidad.
BW. La arquitectura hotelera requiere equilibrar diseño, confort y funcionalidad. ¿Cuál diría que es el sello distintivo de Talasur en este tipo de proyectos?
BM. Creo que el sello de Talasur está en la precisión, la personalización y la coherencia entre lo que se imagina y lo que finalmente se construye. En cada proyecto buscamos ese punto de equilibrio donde el diseño, el confort y la funcionalidad se integran de manera natural, sin que uno pese más que el otro.
Nos gusta decir que todo lo que se puede imaginar, se puede hacer, y lo demostramos con una metodología muy concreta: una artesanía contemporánea que combina la sensibilidad del diseño con el rigor técnico. Cada pieza, cada material, cada unión se trabaja a medida, con la intención de que todo encaje no solo visualmente, sino también en términos de uso, mantenimiento y durabilidad.
En la arquitectura hotelera esto es clave. No basta con que un espacio sea bonito: tiene que funcionar bien todos los días. Debe resistir el paso del tiempo, mantener su identidad y seguir transmitiendo confort después de años de uso. Por eso, en Talasur entendemos el lujo no como exceso, sino como precisión. Un proyecto bien ejecutado, donde nada sobra y todo está pensado, genera una sensación de calidad que el usuario percibe sin necesidad de explicaciones.
Creo que ahí está nuestra diferencia: trabajamos desde el detalle, pero con visión global. Diseñamos pensando en cómo se construye y construimos pensando en cómo se vive. Y eso solo se consigue cuando diseño y ejecución forman parte del mismo lenguaje.
BW. Los proyectos están avalados por arquitectos e ingenieros que gestionan desde licencias hasta la dirección de obra. ¿Qué ventajas aporta esta integración de perfiles técnicos dentro de Talasur?
BM. La principal ventaja es la coordinación real entre todas las fases del proyecto. En Talasur trabajamos con una estructura muy poco habitual: arquitectos, ingenieros, diseñadores, interioristas y técnicos forman parte del mismo equipo, bajo la misma dirección y con una comunicación constante. Esa integración hace que el proceso sea mucho más fluido, sin los saltos habituales entre estudio y obra, ni las pérdidas de información que tantas veces complican los proyectos.
Cuando el diseño, la ingeniería y la ejecución están alineados desde el principio, se gana en precisión, en agilidad y en coherencia. Las decisiones se toman con una visión global, anticipando los posibles conflictos entre lo creativo y lo técnico. El resultado es una arquitectura más sólida, más eficiente y más tranquila para el cliente, que percibe esa coordinación como una garantía de calidad y confianza.
Además, tengo la suerte de trabajar con un equipo excepcional. Son personas con talento, criterio y una enorme capacidad de colaboración. Cada uno aporta una mirada distinta: hay quien se centra en la estructura, quien se fija en la luz, quien defiende la pureza de la idea o quien busca la solución más práctica. Esa diversidad enriquece el resultado final y hace que cada proyecto tenga una base técnica muy fuerte, pero también un enfoque humano.
En definitiva, esa forma de trabajar en equipo nos permite pensar y construir como una sola voz, algo que, en arquitectura, marca la diferencia entre lo correcto y lo verdaderamente excelente.
BW. Ustedes trabajan de manera personalizada, explorando las necesidades de cada cliente para plasmar su “espacio ideal”. ¿Podrías compartir un ejemplo de cómo han conseguido transformar esa visión en un proyecto real?
BM. Uno de los proyectos que más me ha marcado fue la rehabilitación del Hotel Pez Espada, en Málaga. Se trata de un edificio protegido (BIC) de los años 60, con una enorme carga histórica y simbólica. Afrontar una intervención así fue un reto apasionante: había que actualizar un icono sin desvirtuar su identidad.
Desde el principio tuvimos claro que el objetivo no era crear un hotel nuevo, sino respetar su memoria y proyectarla hacia el presente. Trabajamos con muchísimo cuidado para mantener la esencia original, reinterpretando sus líneas arquitectónicas y los materiales característicos de aquella época. Restauramos parte del mobiliario, recuperamos texturas y equilibramos la nostalgia con un aire contemporáneo.
Fue un proyecto de precisión y sensibilidad. Cada decisión se tomó con un profundo respeto por la historia del edificio y por quienes lo conocían como un referente emocional. Además, lo hicimos con un presupuesto muy ajustado, lo que nos obligó a optimizar recursos sin renunciar a la calidad.
El resultado es un hotel con alma y coherencia, que respira el espíritu de los años 60, pero se siente plenamente actual. Es de esos proyectos que te enseñan que la arquitectura no siempre consiste en añadir, sino muchas veces en saber escuchar, conservar y reinterpretar.
Sin duda, ha sido uno de los trabajos más gratificantes que he vivido, no solo por el resultado, sino por la emoción de devolver la vida a un edificio que forma parte de la memoria colectiva.
BW. En ocasión del Día Mundial de la Arquitectura, ¿qué significa para ti esta celebración y cómo conecta con tu labor en Talasur?
BM. Para mí, el Día Mundial de la Arquitectura es una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos quienes diseñamos y construimos espacios. La arquitectura no es un ejercicio de autor, sino una disciplina que influye directamente en la calidad de vida de las personas. Cada decisión que tomamos —una proporción, un recorrido, un tipo de luz— puede mejorar o dificultar la forma en que alguien habita un lugar.
Creo que a veces se olvida que la arquitectura no solo moldea edificios, sino también comportamientos, emociones y relaciones humanas. Un espacio bien diseñado puede inspirar calma, facilitar el encuentro o fomentar la productividad. Y ahí es donde la profesión adquiere su sentido más profundo.
En Talasur vivimos la arquitectura de esa manera: como una herramienta de mejora real. Cada proyecto, por pequeño que sea, es una oportunidad para generar bienestar, para aportar belleza útil y duradera, para dejar una huella positiva.
Me gusta pensar que nuestra labor no consiste solo en construir, sino en cuidar: cuidar el entorno, cuidar los materiales y, sobre todo, cuidar a las personas que van a habitar esos espacios. Cuando el diseño se entiende desde esa perspectiva, la arquitectura trasciende la estética y se convierte en algo esencialmente humano.
BW. Como directora de Interiorismo y Arquitectura, ¿cuál ha sido tu mayor desafío en Talasur hasta ahora y qué lecciones has aprendido?
BM. El mayor desafío ha sido mantener el equilibrio entre la creatividad y la gestión, entre el impulso de crear y la exigencia de coordinar equipos, plazos y presupuestos. Cuando trabajas con proyectos de gran escala, es fácil que la parte técnica o administrativa absorba la energía del proceso creativo. Aprendí que el verdadero reto está en no dejar que eso ocurra: en proteger la idea, incluso cuando las circunstancias son complejas.
Con el tiempo he comprendido que la clave está en rodearte de personas que compartan la misma visión y confianza mutua. Un equipo bien coordinado, que se comunica con claridad y se respeta, multiplica los resultados. Y eso en Talasur se nota. Cada proyecto es un trabajo coral, donde el talento individual se pone al servicio de un objetivo común.
También he aprendido que la arquitectura, más que una profesión, es una actitud. Requiere organización, sí, pero también ilusión, paciencia y una enorme capacidad de adaptación. En nuestro campo, las cosas nunca salen exactamente como estaban previstas, y ahí es donde entra en juego la experiencia: saber ajustar sin perder la esencia del diseño.
Estoy profundamente agradecida por el equipo que me acompaña. Son personas con talento, compromiso y una enorme implicación. Su energía, su forma de pensar y su pasión hacen que cada proyecto avance con fuerza y coherencia. Creo que ese espíritu compartido es lo que mantiene viva la creatividad, incluso en los momentos más exigentes.
Talasur es conocido por su proyección internacional y su capacidad de combinar construcción e interiorismo. ¿Cómo se refleja esa visión integradora en tus proyectos de arquitectura?
BM. Esa integración es, sin duda, una de las grandes fortalezas de Talasur. Nos permite abordar los proyectos de forma global, sin fragmentar el proceso ni perder la conexión entre la idea, la ejecución y el resultado final. Tener bajo un mismo paraguas a arquitectos, ingenieros, interioristas, fabricantes y técnicos nos da una visión completa del proyecto desde el primer boceto hasta la entrega.
En mi trabajo, esa forma de operar se traduce en fluidez y coherencia. Las decisiones que se toman en la fase de diseño se evalúan con criterios técnicos y constructivos desde el inicio, lo que evita improvisaciones y garantiza que la esencia del proyecto llegue intacta a la obra. Esa continuidad se percibe en el resultado: espacios bien pensados, bien ejecutados y con un equilibrio natural entre forma y función.
Además, trabajar de manera integrada nos da la posibilidad de innovar con más libertad. Podemos experimentar con materiales, sistemas y soluciones personalizadas porque contamos con la capacidad interna para fabricarlas y ejecutarlas con precisión. Esto nos diferencia de los estudios que dependen de terceros para materializar sus ideas.
El cliente, al final, lo nota. Siente que hay un hilo conductor, una misma mirada detrás de cada detalle. Y eso genera confianza, que es probablemente el valor más importante que puede transmitir un proyecto arquitectónico.
En un contexto en que la sostenibilidad es clave, ¿qué criterios verdes (materiales, eficiencia energética, diseño bioclimático…) incorpora Talasur en sus propuestas arquitectónicas?
BM. La sostenibilidad no es una tendencia para nosotros, sino una manera de entender la arquitectura y la responsabilidad que conlleva construir. En Talasur forma parte del proceso desde el primer momento: no se añade al final como un complemento, sino que se integra en cada decisión, desde la elección de materiales hasta la gestión de la obra.
Trabajamos con materiales naturales, reciclables o de bajo impacto ambiental, y siempre que es posible priorizamos proveedores locales, no solo por reducir la huella de transporte, sino también por reforzar el tejido productivo del entorno. Nos interesa crear proyectos que tengan sentido ambiental y también social.
En términos de eficiencia, aplicamos criterios de diseño bioclimático y soluciones pasivas antes de recurrir a la tecnología. La orientación, la ventilación cruzada, la protección solar o la selección de envolventes adecuadas pueden mejorar el confort térmico de un edificio sin necesidad de grandes sistemas. Cuando el entorno lo permite, buscamos que el propio diseño sea el que contribuya a ahorrar energía.
También nos centramos mucho en la durabilidad y el mantenimiento. Un proyecto sostenible no es solo el que consume menos, sino el que está bien hecho y permanece en el tiempo sin deteriorarse rápidamente. Esa visión práctica —de materiales honestos, soluciones eficientes y construcción precisa— es lo que garantiza que un espacio siga siendo funcional y estético años después.
En definitiva, para nosotros la sostenibilidad es una cuestión de coherencia profesional y ética. Un buen diseño debe ser bello, útil y, sobre todo, responsable con el entorno y con las personas que lo habitan.
BW. ¿Puedes compartir algún proyecto emblemático reciente que represente tu sello profesional —ese “toque Talasur”— y explicar qué elementos lo hacen especial?
BM. Un proyecto muy especial de este año ha sido el Hotel Toruño, en El Rocío. Es un establecimiento pequeño, pero con una enorme carga emocional y simbólica. Lo que lo hace tan especial es su vinculación con el entorno: el paisaje, la luz, la cultura y esa atmósfera tan singular que tiene el Rocío. Desde el primer momento supimos que el proyecto debía hablar el mismo idioma que el lugar.
Nuestro objetivo fue que el espacio respirara autenticidad. No queríamos imponer una estética ajena, sino interpretar la identidad del entorno desde una mirada contemporánea y respetuosa. Por eso, trabajamos con materiales artesanales, texturas naturales y una paleta cromática inspirada en el paisaje: los tonos tierra, la madera envejecida, la cal, la cerámica artesanal… Cada elemento se eligió pensando en reforzar esa conexión con lo local.
El resultado es un hotel que no busca destacar, sino pertenecer. Cada rincón cuenta algo: una historia, una tradición o un gesto cotidiano reinterpretado desde el diseño. Y eso, para mí, define el “toque Talasur”: la capacidad de combinar oficio, sensibilidad y técnica para que el lugar cobre sentido y emoción.
Además, fue un proyecto donde el equipo se implicó con una pasión enorme. No solo diseñamos un espacio, sino que construimos una experiencia coherente con su contexto cultural. Creo que ese equilibrio entre identidad, detalle y honestidad es lo que hace que este proyecto refleje tan bien lo que somos.
BW. En cuanto a innovación, ¿cómo está adoptando Talasur nuevas tecnologías (realidad virtual, diseño paramétrico, BIM, automatización) para enriquecer la arquitectura e interiorismo?
BM. En Talasur entendemos la innovación como una forma de trabajar más inteligente y más clara, no como un fin en sí mismo. Las nuevas tecnologías no sustituyen la mirada del arquitecto, pero sí amplían su capacidad para imaginar, decidir y comunicar.
Estamos incorporando herramientas como BIM, realidad virtual y modelado 3D avanzado, que nos permiten visualizar los proyectos con un nivel de precisión y realismo muy alto. Gracias a ellas, podemos detectar errores antes de que ocurran, optimizar procesos y tomar decisiones más seguras y fundamentadas. Además, facilitan mucho la comunicación con el cliente: puede “entrar” en su proyecto antes de que exista físicamente y comprender exactamente cómo se sentirá el espacio.
También estamos aplicando metodologías de coordinación digital entre departamentos, de modo que diseño, ingeniería y obra trabajen sobre un mismo modelo actualizado. Esto reduce tiempos, evita duplicidades y mejora la trazabilidad del proceso.
Para nosotros, la tecnología tiene sentido cuando mejora la calidad, la precisión y la experiencia de las personas. No creemos en la innovación como un escaparate, sino como una herramienta que refuerza la esencia de nuestro trabajo: construir espacios coherentes, bellos y funcionales.
Al final, la clave está en combinar lo digital con lo artesanal, la técnica con la sensibilidad. Ese equilibrio es lo que nos permite seguir evolucionando sin perder el alma de lo que somos.
BW. Mirando hacia el futuro, ¿cómo imagina la arquitectura de los próximos años y cuál cree que será el rol de Talasur en esa evolución?
BM. Creo que la arquitectura del futuro será más flexible, más sostenible y, sobre todo, más humana. Los espacios ya no se diseñan solo para ser habitados, sino para acompañar diferentes momentos de la vida, adaptarse a nuevos usos y responder a la necesidad de bienestar de las personas.
Vamos hacia una arquitectura que se piensa desde la experiencia: espacios que estimulan los sentidos, que transmiten calma o energía según el contexto, que se transforman con facilidad sin perder su esencia. En ese escenario, la tecnología será una gran aliada, pero no el centro. Lo esencial seguirá siendo la capacidad de escuchar, interpretar y construir con sensibilidad.
Talasur está muy bien posicionada para liderar ese cambio. Nuestra mayor fortaleza es combinar el conocimiento técnico con el oficio artesanal, integrando innovación, precisión y una forma de trabajar basada en el detalle y la coherencia. Esa mezcla entre tradición y tecnología nos permite evolucionar sin perder identidad.
Nuestro reto será seguir creando espacios con alma, proyectos que emocionen y perduren en el tiempo, que hagan sentir bien a quien los habita. Y eso solo es posible gracias al equipo humano que hay detrás: personas apasionadas, exigentes y comprometidas, que dan sentido a todo lo que hacemos.
En definitiva, creo que el futuro de la arquitectura no está solo en construir mejor, sino en construir con propósito, y en eso Talasur tiene mucho que aportar.






